3 ago 2010

Que los dolores del corazón bien rojos son.


A veces suelo preguntarme si valió la pena. Creo que me mostró el mundo, me reencantó con lo que teníamos, me sensibilizó al punto de no entenderme, de creerme un tanto perdido, de verme ensimismado y no poder modificar mi estado. Sin embargo, no cabe duda alguna que, con defectos y virtudes, me hizo crecer, me hizo creer: me entregó a un mundo despiadado, conocí lo más triste y lo más profundo, lo más adverso y lo más consecuente. Y he hoy aquí, aún pensando en tanta codicia, en tanta mentira, en tanta egolatría disfrazada de promesas de cambio. Pero creo, pese a lo débil que recurrentemente he sido para sobreponerme a cada comentario, que no podría dejar de soñar con querer cambiarlo todo, amarlo todo, colorearlo todo. No podría no disfrutar de quienes comparten, a rubor de piel, cada minuto, cada segundo, cada instante. A veces las fuerzas flaquean, pero el corazón siempre sigue estando ahí.

1 comentario:

paso dijo...

me gusta lo que escribes leito!, saludos! te quiero arto :)