16 dic 2011

Canje

Es importante hacerlo

quiero que me relates
tu último opimismo
yo te ofrezco mi última
confianza

aunque sea un treque
mínimo

debemos cotejarnos
estás sola
estoy solo
por algo somos prójimos

la soledad también
puede ser una llama.


Mario Benedetti.

24 oct 2011

Declaración Pública frente al Referéndum de este lunes 24 y martes 25 de octubre.


Compañeros y compañeras:

Hoy, tras cinco meses de la movilización estudiantil más grande de la historia de Chile, nos vemos enfrentados a una decisión que, cualquiera sea su resultado, marcará un hito en el devenir de la misma. Tras todo este largo tiempo de trabajo y de construcción de un proyecto social de transformación, hoy debemos optar entre retomar el segundo semestre relegando la movilización a un rol secundario, o arriesgarnos por mantener y revitalizar este proceso en aras de la consecución de nuestras demandas. La decisión no es fácil, hay muchos factores que considerar y es por eso que quisiéramos compartir nuestras reflexiones en torno a los distintos puntos.


I. El financiamiento.

No podemos negar que no existe claridad respecto al futuro de becas y ayudas estudiantiles. De acuerdo a los dichos de nuestras autoridades, las becas internas se mantendrán, pero es probable que los beneficios estatales sean utilizados -como ya lo están siendo- como una medida de presión desmovilizadora por parte del gobierno. A nivel individual, debemos tener en cuenta que becas de arancel y créditos constituyen derechos adquiridos y para que éstos sean revocados, se debe cumplir los requisitos generales de todo contrato -a titulo gratuito en caso de las becas y oneroso en el caso de los créditos-, correspondiendo en este caso a incumplimiento de lo establecido en el contrato, es decir, reprobar cierta cantidad de ramos, mejorar la situación socioeconómica, que no amerite mantener la asignación del beneficio, etc. Sin embargo, a un estudiante de una universidad que NO realiza actividades lectivas durante el segundo semestre, no le es imputable reprobar los ramos, sino simplemente no cursarlos, por ende no sería causal de pérdida y el beneficio sólo se congelaría por tal período.

Ahora bien, muy probablemente la pérdida de estos beneficios para las Universidades implicaría profundas crisis económicas, pues al congelarse la entrega de los beneficios, carecerían de fuentes de financiamiento y sabemos que esto, lejos de preocupar al gobierno, constituiría una oportunidad de fortalecer la imagen de las Universidades privadas, las cuales aparecerían como ejemplos de eficiencia económica.

Sin embargo, la crisis económica de las Universidades públicas en este momento no puede representar un freno para el movimiento, hemos reconocido que es precisamente el sistema de financiamiento universitario en su conjunto el que ha colapsado, por ende, hoy debemos unirnos y aumentar la presión para que el Estado se haga cargo de sus Universidades y para que el costo del semestre perdido no repercuta en los bolsillos de nuestras familias. Apuntamos, justamente, a ganar, a conseguir nuestro objetivo: no puede ser que el mal que identificamos y queremos cambiar, sumado a sus herramientas y tecnicismos, en definitiva sean lo que nos haga deponer la lucha. Además, el efecto mediático que produciría -tanto a nivel nacional como internacional-, el hecho de que el Estado de Chile cerrara todas sus Universidades producto de la crisis de financiamiento, es un costo que el gobierno no está en condiciones de asumir.

Por último, tomar una decisión como Universidad nos permite avanzar juntos en cuanto a sus consecuencias y beneficios. Que no quepa duda que, ante cualquier agravio, seremos una única voz luchando, codo a codo, por lo que creemos justo.


II. La calidad.

Plantearnos como norte la defensa de la educación pública y renunciar a nuestra condición de estudiantes puede parecer un contrasentido. Estamos conscientes del esfuerzo que han realizado nuestras autoridades -tras la propuesta estudiantil- para ofrecernos un semestre de la mayor calidad posible dadas las circunstancias, sin embargo, consideramos que tal esfuerzo resulta insuficiente, pues muchos profesores han manifestado que no están dispuestos a realizar un semestre como el propuesto, por lo que habrá pocos docentes por ciclo y meses de clases con ayudantes, contenidos vistos a medias y una gran presión, lo que sin duda repercutirá en nuestro rendimiento. A su vez, si no podemos tomar cursos electivos o libres, tendremos que hacer un semestre adicional en la carrera de todos modos, lo que no solucionará el problema de las becas otorgadas por la duración de la carrera, ni el pago de un semestre extra. Cuando se habla de que con la pérdida del segundo semestre se pretende “destruir la Universidad de Chile”, debemos, como mínimo, ser consecuentes y asumir que no basta con que ello se subsane desde la mera apariencia.


III. Las movilizaciones.

Hoy, tras cinco meses de movilizaciones, no hemos conseguido el más ligero cambio del sistema educacional, no hemos logrado remecer sus cimientos ni conseguir modificaciones que resulten trascendentes en su estructura. La constatación de lo anterior, lejos de desmotivarnos, debe constituir un incentivo para movilizarnos con más fuerza, para no renunciar a todo el esfuerzo ya realizado y para no abandonar a las universidades que ya han decidido no comenzar su semestre, como lo son la U. de Concepción, Arturo Prat, Santa María, de Los Lagos, Valparaíso, Bío Bío y Usach.

No estamos solos en esto, no podemos obviarlo. No sólo somos la Universidad de Chile, no sólo somos los universitarios, somos un movimiento social que tiene en su raigambre a un grupo tan importante como los secundarios. Hoy, volver a clases, es darles la espalda a quienes se han sacrificado con mayor fuerza en todo este proceso. No queremos ser simplemente idealismo o voluntad, pero reconocemos en ellos una lucha que tenemos que estar dispuestos a seguir dando. La masividad requiere compromiso, la fuerza unión, la convicción de estrategia: seguiremos instando, juntos, a la consecución de nuestros fines. Lo hacemos por ellos, por nosotros, por un Chile que ve en este movimiento la esperanza de generar los cambios que no pueden seguir esperando.

Si bien puede considerarse que el impacto mediático de que la Universidad de Chile (a la cual probablemente se sumarían otras universidades de la CONFECH) decida perder el semestre sólo resultará efectivo al momento de producirse este hito, siendo difícil proyectarlo en el tiempo, también es cierto que sólo de nosotros depende dotar de contenido esta nueva etapa de movilizaciones, revitalizando el proceso e inventando nuevos modos de captar la atención.

Se ha dicho que iniciar el segundo semestre no implica necesariamente desmovilizarnos, mas, realizamos un sincero llamado a no cegarnos ante una solución que sabemos no es tal: durante la recalendarización de los exámenes - que contaba con muchas garantías más que las propuestas para un eventual segundo semestre- pudimos constatar que mantenernos efectivamente movilizados y rendir evaluaciones es imposible, y lo será aún más con un semestre comprimido. A la vez, quien cree que mantener la masividad únicamente en las marchas es suficiente, ignora todas las potencialidades del trabajo realizado durante estos meses y la imperiosa necesidad de aumentar la presión ante un gobierno que no escucha. Ante este escenario, sólo nos queda apostar a diversificar las instancias de participación, deliberación y toma de decisión estudiantil, pues este movimiento es nuestro y todos estamos llamados a ser protagonistas.

Finalmente, en estos momentos están saliendo a la luz los resultados logrados a partir del trabajo de muchos compañeros que participaron en comisiones con profesores a nivel de toda la Universidad. Se trata de grandes propuestas que, de comenzar el segundo semestre, correrán el riesgo de quedar en el olvido, pues no habrá instancia para discutirlas y posicionarlas. No olvidemos que la movilización no se constituye sólo de marchas o asambleas: existe un trabajo constante en muchísimas áreas (talleres, cursos, comisiones, trabajo en la calle, etcétera) que requiere de tiempo y dedicación.


IV. Si no es ahora, ¿cuándo?

Mucho se ha hablado respecto a que la pérdida del segundo semestre implica agotar el movimiento, siendo muy difícil configurar espacios de movilización el próximo año al tener que recuperar un semestre académico. Pues bien, invertimos la pregunta, ¿qué garantiza que el próximo año exista un ánimo de movilizarse tras la experiencia de un proceso de cinco meses durante los cuales no se consiguió absolutamente nada?

El momento es ahora. El escenario no será mejor durante el próximo año ni durante el siguiente, pues el escenario nunca será favorable para nosotros mientras el poder económico y el control de los medios de producción y comunicación sigan residiendo en las mismas manos. El momento es ahora, porque contamos con el apoyo de la opinión pública a nivel nacional e internacional, porque la lucha estudiantil cada día logra ser más transversal, involucrando a más sectores sociales que saludan la tenacidad y perseverancia de un movimiento estudiantil que ha logrado remecer la forma de entender la participación política, contribuyendo a fortalecer a una ciudadanía opinante y crítica.

Muchísima gente alrededor del mundo cree en nosotros, deberíamos empezar a creer en nosotros mismos también. La única lucha que se pierde es la que se abandona: ¡Vamos compañeros, un esfuerzo más!


19 oct 2011

Creemos, creamos.



Actuar Colectivo es una organización política de izquierda que tiene como fin último cambiar la forma en que se generan y autoreproducen las relaciones sociales existentes basadas en el individualismo, el consumo como forma de satisfacción espiritual y las fuertes desigualdades generadas por el sistema económico (capitalista-neoliberal), político (democracia representativa deficiente) y social (concentración de la toma de decisiones, de las instituciones de poder, de los medios de comunicación, de los medios de producción y de los sistemas de servicios básicos, entre otras). Estas desigualdades, que hoy se ven representadas tanto en lo material como en lo subjetivo-cultural (de género, de clase social, de raza, etc), han implicado, en lo concreto, que el funcionamiento y la autoreproducción del sistema -generando fetiches y necesidades a través del mercado-publicidad, concentración de las decisiones políticas, de los medios de comunicación masiva, los medios de producción económicos y sistemas educativos hegemónicos, entre las más importantes- hagan imposible plantearse el diario vivir como la necesidad de realizarnos espiritualmente, sin antes pasar por sobre el otro para competir por el tiempo o dinero que es necesario para alcanzar sólo un poco de nuestros anhelos, generalmente, gracias a este sistema, de carácter material.


Debemos ser capaces de enfrentar una realidad económica, política y social con reflexiones que nos permitan crear un nuevo proyecto político de izquierda: uno que le haga sentido a la sociedad, que sea capaz de disputar espacios de poder (ya sean institucionales o sociales), que sea capaz de construir tejido social, basal y trabajar desde lo colectivo, desde la mancomunión; una alternativa que sea capaz de legitimar su forma de hacer política en las decisiones que los individuos mismos puedan tomar para autodeterminar su actuar dentro del espacio en el que construyen comunidad. Es fundamental un proyecto político constructivo y propositivo: son las acciones, no las negaciones, las que nos deben empezar a definir y a caracterizar.


Las palabras sobran, pero las acciones faltan, cambiar las cosas depende de todos nosotros y trabajo por hacer hay suficiente. Los invitamos a participar, crear y luchar por una sociedad más justa e igualitaria, para el Chile que necesitamos. Una sociedad donde la palabra soñar no sea menospreciada.


Cambiar el mundo en que vivimos, está en nuestras manos.


Saludos afectuosos,


ACTUAR COLECTIVO.

http://actuarcolectivo.blogspot.com/
http://infoderechouchile.blogspot.com/

10 oct 2011

Limón y sal.


No corras, no es necesario

La vida está hecha de contradicciones

La soledad no es ningún corolario

Sólo es el filtro a tus afecciones


El doble opuesto girará apresurado

La noria dará curso a lo más preciado

Sabrás que fue breve, pasajero,

Que todo cursó por una breve puna

Que la luna te ha contemplado

Y menguante ha decidido ser tu cuna


Un día te darán el calor que necesitas

Más pronto que tarde tendrás el coraje

Un suave punzón alivianará tu bagaje

Y esa esperanza no conocerá jamás

No sabrá jamás de aterrizaje


No habrá más cicatrices en tus brazos

La única experiencia estará en tus resabios

Fallas que duelen tanto como portazos

Pero nunca tanto como el negarnos

Nunca como cuando no nos aceptamos


Mírate, suéñate, ríete, acaríciate

Eres el hilado para un nocivo que no existe

Pronto la cera del dibujo estará pintándote

Procederás de dibujante a ser a tu propio arte


Y te dibujarán con la complejitud que mereces

Te trazarán bajo abochornados colores

Verde, para tu creatividad sonriente

Azul, para ese temor hilarante

Rojo, para tu dulzura nunca más doliente

Limón, para saciar la acidez del ambiente


Sobrevolarás los cielos porque sabes brillar

Ufanarás de alegría con tu miel para andar

Saborearás el éxito untando aún más

Alumbrarás vidas porque quieres a rabiar

Narrarás muchas fábulas de coraje demás

Anidarás esperanza, como eres capaz


Créeme, la imposibilidad no será el camino

Y es que no existe ni germinará un ahora

Pero siempre habrá, quiéraslo o no

Un corazón que por estos lados te adora.

10 jul 2011

Y ojalá que tú.


Que la verdad es realidad, y la realidad es maleable. Que lo maleable está en uno, en uno el punto de vista. Que el punto de vista se empaña, que es mentira que el coraje es indoloro, que la soledad es la cura al problema de no tener a nadie. Que, en aquella necesidad de raciocinio y certeza que llamamos probabilidad, probablemente nadie está solo. Que es imposible estar solo cuando no puedes huir -y no, nunca podrás huir- de ti mismo: siempre te perseguirá tu sombra, siempre te perseguirá tu nombre. Que el estruendo de tu propio rojo motor, eco a eco en cada rama y pálpito a pálpito en cada estación, te recuerda con cálido bochorno que, para bien -sé feliz-, y para mal -tranquilo/a, puede que no haya certezas- estás vivo o viva. Y, quizás, que vives es la única verdad. Pero claro, la necesidad de probabilidad era el requerimiento de certeza, de certeza para creer que efectivamente existe verdad y así realidad, una realidad que no dejas de cambiar en el conciente o inconciente de negarte a ti mismo/a, al vértigo del día a día, al arrobamiento de jurar y querer nada más, ni un milímetro más.


Paciencia. Hay cicatrices que no son corpóreas, hay ilusiones más profundas que cualquier Amazonas, hay temores más palpitantes que toda esa realidad que, ahora convengamos, no es realidad: todo lo podemos destruir y volver a crear. Y en ese frívolo desconsuelo hay demasiadas, profusas, incontables piedras alrededor: a nadie le faltará la suya para lanzar, nunca faltará aquello por lo cual desear arrojar. Pero, ¿sabes?, vengo pidiéndote hace un tiempo, vengo jurándote como quien anhela no dar ninguna explicación más. Bajo ese mismo éxtasis, nunca huyas de lo más genuino, nunca niegues lo que desde la más profunda locura te hace vibrar: ello es, en definitiva, el resguardo de tu propia fidelidad, el resguardo de que aún existes pese a que te puedas tocar, el resguardo de que sí puedes lograr aquella -cada vez más utópica, pero no menos imposible- felicidad.


4 jun 2011

A mis compañeros y compañeras de generación y facultad.



Me complica poder estudiar con tantas cosas en la cabeza: no avanzo, le doy miles de vueltas a la lectura y termino leyendo la misma hoja innumerables ocasiones. Situación que me ocurre reiteradamente, sobre todo después de haber leído muchos comentarios en la tarde por este medio. Lo intenté, de verdad. Luego, me fui a dormir un rato, buscando poder despertar más despejado y concentrarme, pero no, tampoco me resultó. Concluí que debía, entonces, expresar tantas cosas que me daban vuelta, a pesar de que querría tener que usar este medio para ello, pues entiendo -pese a todas las ventajas y utilidades que nos da facebook- que no es la instancia más idónea; pero bueno, por esta vez será, por esta vez tendremos que hacerlo.


Me permito entonces ordenar mi cabeza y sacar aquellas cosas que hoy giran por ella:


I. La votación y sus consecuencias.


El lunes votaremos paralizar las actividades de nuestra Escuela por tres días, miércoles, jueves y viernes de la próxima semana. El lunes subsiguiente reevaluaríamos, por medio de otra votación, esta situación, todo acorde a las circunstancias coyunturales y la evaluación de las actividades realizadas en la semana correspondiente. No hablamos, así, de un paro indefinido.


Corresponde, entonces, hacerse cargo de las aprehensiones. Al momento de votar, lo estamos haciendo por paralizar clases, no por si queremos salir o no en enero. Entiendo y comparto perfectamente los temores, todos queremos descansar, sobre todo en atención preocupación a nuestros compañeros/as de regiones (y la justa situación de que puedan efectivamente estar con sus familias), mas tenemos que adecuarnos a la realidad: de ganar el paro por tres días se sumaría a los otros tres en que se realizó la misma situación, lo que conllevaría en comienzo una semana de atraso, muy similar al año pasado, terminando las evaluaciones la tercera semana de diciembre. No es comparable de ninguna forma al 2009, donde terminamos las evaluaciones la primera semana de enero, pero donde la Escuela no tuvo por seis semanas clases. Hablar de ello no es más que infundir temor, sin hacernos cargo del fondo de la situación.


De la misma forma, la idea de votar un lunes y comenzar las actividades el miércoles es justamente dejar el martes para conversar con las autoridades la recalendarización, autoridades que han dado su apoyo formal a las movilizaciones del estudiantado. Así, con el paro, podrían realizarse una serie de actividades coordinadas, sobre todo en atención a la necesidad de exteriorizar hacia la sociedad en general nuestras demandas. También tendremos espacio para plantear posturas entre todos, discutir, llegar a consensos, mirarnos las caras: todo lo que quizá hoy no estamos haciendo. La autocrítica es latente, en algo hemos fallado, y como representante me toca asumirlas -con justa razón- aún más. Pero tenemos las instancias, las ganas y el esfuerzo para enmendarlo, y ello será entre todos, siempre entre todos. No entiendo a nadie que esté en contra como un enemigo, por el contrario, asumo también la culpa de los temores, y, aún más, de la indiferencia. Esto no es un nosotros contra ustedes, de ninguna forma.


Por otro lado, Derecho, al contrario de lo que muchos sostienen, no es una facultad que se movilice constantemente. De hecho, a ojos de la Universidad, somos parte de lo más reaccionario junto con facultades como FEN. Hoy somos una de las pocas Escuelas que no está en paro o movilizándose, y para qué hablar a nivel nacional, donde la escala de tomas y paros (http://www.latercera.com/noticia/educacion/2011/06/657-370609-9-16-universidades-a-lo-largo-del-pais-se-encuentran-en-toma-y-paro-de-actividades.shtml) nos deja, hoy en día, mirando de brazos cruzados. Acá, entonces, una acotación: no se trata de que por el resto lo haga, nosotros lo hagamos. De la misma forma odiaría planteásemos alguna movilización por creernos la vanguardia, no, no se trata de eso. Se trata de entender que cuando nos movilizamos lo hacemos como estudiantes, como sociedad, ni siquiera desde la reinvindicación de nuestros derechos, reinvindicación que nos retrae a derrotadas pasadas (¡basta de luchar desde la resistencia, el país es nuestro, el futuro es nuestro!), sino de dar cara por lo que nos corresponde, desde todos y con todos. Así, movilizarnos implica darnos la mano con nuestros compañeros y compañeras, entender el peso de su consecuencias y la alegría de nuestras victorias como un todo, dejando quizá de vernos a nosotros mismos como el único fin, levantar la cabeza y darnos cuenta que hoy estamos frente a lo urgente y lo importante, frente a la imperiosa necesidad de tomarnos las manos y avanzar, seguir, lograr.


II. El porqué nos movilizamos y qué lograremos con ello.


No pretendo hablar del petitorio ni de los datos duros que hoy nos aterrizan hacia el terrible estado de nuestra educación. Todos sabemos en mayor o menor medida que tenemos los aranceles más caros del mundo, que somos uno de los países en que menos inversión estatal existe en educación, que si te endeudas con el CAE por 15 millones terminarás pagando cerca de 28, que el ingreso a educación superior no es la PSU, sino tu situación socioeconómica y el ambiente en el cual te desarrollaste. Así, pretendo girar la discusión hacia una adecuación social, hacia lo que hoy nos entrega nuestro país y hacia lo que nosotros podemos entregarle a las futuras generaciones: es un sentir, simplemente un sentir.


En fin, nada tiene sentido si no somos sinceros: probablemente este no sea el año, no, probablemente no. Pero ante una probable Mesa de Diálogo ya exteriorizada por el gobierno, donde finalmente se establecerán las bases de la nueva institucionalidad universitaria, no podemos subirnos sin tener ganadas concretas. No, y es que cometer el mismo error del 2006 -donde tras semanas de movilización terminamos sin poder siquiera incidir- sería guiarnos hacia una verdadera desilusión, hacia una generalizada apatía, hacia brazos cansados que ya no querrán más, que ya no querrán creer más. De ahí que sumar fuerzas entre estudiantes, sin distinción, sea completamente necesario.


Por otro lado, entiendo que la defensa de la movilización planteada parezca tremendamente impopular -siendo igual de sincero- sobre todo en nuestra generación, sobre todo en las actuales circunstancias, sobre todo cuando caemos al punto de tener una discusión por medio de quien tiene más clicks a “me gusta”, en una competencia por el sí o por el no, en una competencia por el paralizar o no las clases. No le temo a las consecuencias políticas pues entiendo que existe una amplia diferencia entre ser políticamente correcto y entre actuar con respeto. Pretendo lo último, no adecuar mi personalidad a lo que quizá sea una mayoría, pues el momento en que funcione desde tal prisma ningún ideal tendrá sentido. Creo que, a estas alturas, ya nos conocemos. Y es que, en reflexión personal, son demasiados años bajo lo mismo, bajo las mismas causas, bajo escuchar la misma retórica, bajo estar en las mismas instancias y asambleas, bajo los mismos errores y bajo la misma constante desilusión, la misma maldita desilusión. Pero no, no me rindo, y les pido por favor que ustedes tampoco se rindan. Quizá ni siquiera seamos nosotros quienes cambiemos el mundo, quienes lo llenemos de colores, quienes seamos efectivamente capaces de cambiar la educación, pero sí seremos quienes lo dieron todo, quienes lucharon no por su futuro sino por el de los demás, quienes se armaron del coraje y la alegría para soñar algo mejor. Y, tarde o temprano, esos sueños tendrán que hacerse realidad, eso sí se los puedo asegurar.


El problema es que lo tenemos de todo, pero tal parece que nos gusta quedarnos en la nada y vivir de la pleitesía para obviar el dolor ajeno. ¿Podremos dormir esta noche pensando en aquel que en estos precisos momentos sufre? Cuando luchamos por la educación, lo hacemos por abolir la desesperanza y el dolor ajeno. Nosotros nos educamos en sistemas de excelencia, y hoy estamos en una situación privilegiada. ¿Pero qué pasa con aquel que guía sus 12 años para despertar, a su salida, y darse cuenta que todo su desarrollo educacional fue sólo por presión social, que su cartón de cuarto medio no le abrirá, hoy, ninguna puerta en su vida? ¿Nos los imaginan frustrados, apartados, con rabia, con impotencia, con ganas de querer ser todo aquello que el sistema les prohibió? Muchos de ellos serán los mismos a los que miraremos con temor, porque los veremos desadaptados, fuera de la regla, fuera de lo que concebimos como sociedad ideal. ¿Cómo le explicamos a la inmensa mayoría, ésa de la cual no formamos parte, que sus vidas girarán en torno a le medianía o la pobreza, porque seremos nosotros -abogados de excelencia- quienes se llevarán la mejor parte de la repartija por haber tenido verdadera educación, mientras que ellos siempre tendrán que estar bajo el servicio y oportunismo ajeno?


No se trata de terrorismo, no se trata de que, a través del miedo y el sentimiento de culpa, seamos capaces, quizá recién capaces, de empatizar con el resto. No apunto a nadie con el dedo pues también aprendí en su momento, también tengo muchísimas falencias, también he cometido innumerables errores. Pero tal como su en momento tuve la oportunidad de romper quizá la burbuja en la que estaba, a veces necesitamos que alguien nos arranque de nuestra enajenación, que alguien nos muestre el mundo tal cual es. Ese alguien no es más que la personificación de lo que hoy nos moviliza, ese alguien no es más que el algo propio de la injusticia, de la rabia, de la desesperación de vernos una y otra vez bajo la misma miseria.


Estimados/as compañeros y compañeras, nuestra vida merece mucho más que lo vacuo que ya tenemos. Por ello, debemos dar paso a lo vital: ¿qué hacemos? Me tomo la libertad de compartir con ustedes lo que es quizá mi más profunda máxima: nadie, nadie merece sufrir. Es demasiado simple quizá, pero la entiendo como aquel mundo -¡qué sé no será sólo idealismo!- que me gustaría construir. Probablemente no tenga por mí mismo las herramientas, probablemente no sepa cuál es el modelo a seguir, probablemente ningún docto intelectual sepa darme la teoría correcta para tal pretensión, pero bueno… todavía tengo mis manos y mis sueños intactos para construir, ¡todavía tenemos nuestra educación para transformarlo todo, para brindar oportunidades, para que nadie más tenga que dar la lucha que hoy estamos dando! Tú también tienes tus manos, y si no existen esos sueños para compartir, quizá sea el momento de comenzar nuevamente a creer.


El paro no cambiará nuestra realidad, en eso tienen razón. Pero al tampoco tampoco es un fin ni una medida de presión en sí, sino que es el espacio para que, juntos, nos esforcemos por generar tales cambios, aquí y ahora, y sí, se los prometo, se los juro, lo escribo, lo digo, lo repito: lo lograremos. A veces la desilusión puede más que nuestras ganas de revolucionarlo todo. Ellos, quienes hoy dirigen las riendas de este país y nos tienen en esta situación de desigualdad y desdicha, quieren que las esperanzas se transformen en apatía, que la lucha se aminore en comparación a lo mucho que podríamos disfrutar con nuestro cuerpo y la materialidad. No se trata de dejar de lado nuestras ajustadas etapas de existencia, sino de darnos cuenta que, más allá de nuestra realidad inmediata, más allá de tan amplia palabrería, más allá de tantas limitaciones que nuestra propia existencia trae aparejada, existe un mundo que no puede seguir esperándonos.


Desde nuestras trincheras habremos de llenar los corazones de sueños -esos que hoy tanto faltan en aquellos por los cuales luchamos-, transformar el llanto de desperanza en plena alegría por el futuro, lograr las caras de eternas y constantes sonrisas, sonrisas satisfechas de vivir de la mano de un futuro común, de un futuro forjado, de un futuro que nos pertenece. ¡Podremos al fin mirar al desamparado sin vergüenza, sin pena, sin desazón! Le contaremos a nuestros hijos con el rubor de la sonrisa elocuente, de la satisfacción sincera, del corazón hinchado de dicha que luchamos por ellos, que cambiamos nuestro mundo, que forjamos un idealismo por ellos, por nosotros, por todos.


"Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable".

Eduardo Galeano.


El más sincero abrazo,

Leo.


PD: Leer cosas de años pasados, y poder hacerlas calzar perfectamente, deberían -a lo menos- bajarme el ánimo. Hoy, no hay espacio para ello: sólo existe para seguir, infinitamente seguir.

18 may 2011

No te aflijas


No te aflijas: la belleza volverá a encantarte con su gracia;
tu celda de tristeza se trocará en un jardín de rosas.
No te aflijas: tu mal será trocado en bien;
no te detengas en lo que te inquieta,
pues tu espíritu conocerá de nuevo la paz.

No te aflijas: una vez más la vida volverá a tu jardín
y pronto verás, ¡oh cantor de la noche!
una corona de rosas en tu frente.

No te aflijas si, algún día, las esferas del cosmos no giran según tus deseos,
pues la rueda del tiempo no gira siempre en el mismo sentido.
No te aflijas si, por amor,
penetras en el desierto y las espinas te hieren.
No te aflijas, alma mía,
si el torrente del tiempo arrastra tu morada mortal,
pues tienes el amor para salvarte del naufragio.

No te aflijas si el viaje es amargo,
no te aflijas si la meta es invisible.
Todos los caminos conducen a una sola meta.

No te aflijas, Hafiz,en tu rincón humilde en que te crees pobre,
abandonado a la noche oscura,
y piensa que aún te queda tu canción y tu amor.


- Hafiz, poeta persa (1325-1390), también conocido como Xems-ed-Din, una de las glorias de la literatura de Persia.

19 mar 2011

Lucy in the Sky with Diamonds


Qué puta más puta. Mira cómo se mueve esa mina, ¡pero qué cuerpo tiene!. Sí, bésala, pálpala, un poco más arriba, abajo, un poco más adelante, así, eso, ¡aplausos!. Qué no se vayan las perras, ¡qué se muevan como lo que son! Hace calor, estruendos, pero está bien, en la misma onda, todos encolerizados, calientes, malogrados: sigamos. Pero hueón, mira esas piernas, ¡muévete puta, mueve esas piernas! Uno tras otro, somos cientos, rugimos como miles, ¡las observamos como millones! Muéstrate para mí, déjame verte, sentirte, saborearte, babearte, humillarte, devorarte con mis ojos salidos como globos al inflarse. Una cosa, una cosa hecha cosa, mi cosa hecha cosa. Puta, me sofoco, empujones, más empujones, desvaríos, necesito ver más, mejor posición, avanzo, golpeo, sigo. Pero qué, ¡qué chucha!, cómo se van hueón, qué se creen, ¡qué continúen la hueá! Más, más gritos, más fuerte, más aplausos, ¡qué vuelvan las putas o dejamos la cagá!, más fuerte, ¡qué vuelvan las putas o dejamos la cagá!, no, no, aún más fuerte, ¡qué vuelvan las putas o dejamos la cagá!, ¡a rugir cabros!: ¡QUÉ VUELVAN LAS PUTAS O DEJAMOS LA CAGÁ!

Pero no, ninguna puta volvió. Y ahí, la hora del cambio en punto: de regreso a volver a sentirme de izquierda, de explicar las opresiones del sistema, de criticar al opus dei, qué terrible el opus dei, cómo minimizan el rol de la mujer, qué imbecilidad compadre, si son sus derechos reproductivos, que aquí la píldora, que allá las igualdades laborales, y claro, ¡el aborto!, ¡todos queremos aborto! Pero cómo, qué pasa, qué clase de sociedad somos; retrasados, en letargo, olvidadizos y antojadizos, sin derechos. ¡Pero cómo!, ¿por qué se mete la Iglesia?, qué penca que los medios transformen a la mujer en sinónimo de objeto sexual, ¡qué lata que no seamos capaces de pensar y dar un paso más allá!. Y sí, claro, por supuesto, qué venga la dignidad de la persona, sus derechos humanos; qué venga la necesidad de respetarnos, todos respetarnos, sí, loco, respetarnos, cabros, sí, respetarnos. Vamos, hora de volver a sonreír al feminismo, de alzar los puños por nuestras justas reivindicaciones, hora de volver a considerarnos iguales, hora de volver a querer cambiar el mundo. Que el color rojo del rostro no sea sólo de calentura, que el color rojo de la cara no sea sólo de vergüenza.

Y así, cuerpos iban y venían, caras que no se borrarán, gritos de bocas donde la consecuencia no existía, la coyuntura tampoco, sólo brasas para ser masa, sólo masa: al diablo la honestidad, sólo eran unas putas más.

27 feb 2011

Porque eres irremplazable.


Te amo Antonia. Sonará cliché, pero eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te quiero tanto, tanto, que no podría imaginarme un segundo sin ti, Francisca. Quiero que estemos uno por el otro, uno para el otro por siempre, fuera de toda rutina, fuera de toda facilidad, fuera de todo impedimento... quiero pasar el resto de mis días junto a ti, Paula. Eres a quien más he amado, y a quien nunca dejaré de amar. Tal como lo oyes, Carla, esto es indestructible, inseparable, interminable. Te amo, definitivamente te amo. ¿Cómo imaginas nuestro futuro, Susana? En manos entrelazadas, sonrojadas por nuestros hijos, dolientes por su crecer, tristes por su partida. Así es, Pía, eres la única mujer a quien realmente he amado en mi vida, como ti no hubo ni habrá nadie; porque, Marcela, contigo la ternura me empapa como nube, el aliento sonríe, la tierra ruge, contigo vuelvo, vuelo; contigo el presente es aquel con quien nunca he vivido, el futuro es irremediable junto a tu lado, María, el futuro es nuestro, sólo nuestro, de nadie más, de nadie más.

24 ene 2011

Ausencia obligada.


Hace unos días alguien me preguntó por qué escribía "textos tan reflexivos/depresivos", siendo que ello no se asemejaba a como actuaba en el día a día. Repliqué, en primera instancia, que a ratos me estaba sintiendo demasiado así y claramente ello no me gustaba (muy por el contrario); pero que no era una situación de esencia sino simplemente un medio de expresión para no quedarme con ello. Lo pensé por segunda vez y entendí también que había, como siempre, mucho por decir sin querer extrapolarlo, mucho de hablar directamente sin necesidad de estar ahí con esa persona. Me preguntaron, también, si muchas de las reflexiones estaban derivadas de desilusiones amorosas. "Las menos, probablemente ninguna mía", respondí. ¿Probablemente? Claro, no que yo sepa (¡no necesita entender!) Corresponde mucho más a cariño en sentido lato, a lo concluido de procesos en que no lograba entender el comportamiento de quienes me rodeaban. Miento, entendía pero no quería sentir, no quería aceptar. Cuando le di una tercera vuelta terminé por asumir que efectivamente este espacio es la reflexión personal que omito no por no sentirme débil, sino simplemente por no querer cargar a nadie. Y ello, a ratos, tiene más costos de los que quisiese. No es lo mismo escribir que estar ahí, pero sirve fundamentalmente para cumplir el objetivo personal de no interferir en el pesar de nadie: acá cada uno es libre de leer o querer entender. Y, por cierto, no requeriría sentir para darme cuenta que difícilmente hay alguien ahí.

El conflicto se suscita en tanto, hoy por hoy, no decidí que quiero ausentarme. No decidí en tanto va más allá de mi moral y accionar, siento que me obligaste. Ausentarme de forma obligada, ausentarme sin burlarme de tanta muerte (perdón a ustedes por robarles la identidad), ausentarme porque detesto despertar y leer tanta idolatría, ausentarme porque no podemos estar tan mal de no querer hacer nada por quienes hoy no tienen más que al sol, ausentarme porque no entiendo cómo diablos no nos quiebra tanta persona sin su pan, ausentarme por mi paternalismo, ausentarme porque no soporto ver niños pidiendo vivir al caminar, ausentarme por el cansancio estremecedor, ausentarme para evitar la tiranía, la política falsa, la mentira, la falta de prolijidad; ausentarme para que no te pongas más barreras que nos dañen, ausentarme para no cuestionarme por tanto autolímite que nos ponemos para ser felices, ausentarme para no tener que ver cómo engañan, ausentarme para no ver en risas lo que sienten con la agonía, ausentarme para no cambiar nunca más a nadie, ausentarme para evitar los costos de las múltiples caretas, de la bipolaridad, de la diferencia entre el decir y el hacer; ausentarme para que no duela tanto que estés tan lejos y tan cerca, ausentarme por mis ojos dormidos, ausentarme por tanta mentira, ausentarme por cada maullido, ausentarme para no quemar mi espalda, ausentarme porque quiero volver a no hacer nada solo, ausentarme porque detesto que te mientas, ausentarme porque no hay nada mejor que casa, ausentarme para cargar tus penas sin llorarlas, ausentarme para volver reír de forma cínica, ausentarme para no tener que interpretar más tu actuar, ausentarme para no tener que pensar qué pasaría si, ausentarme para no dudar de tus gestos, ausentarme para que no me importe la confianza, ausentarme para no tener que volver a hablar de medioambiente y destrucción, cultura y espectáculo, crecimiento y capital, ausentarme para no ver más tu sonrisa, ausentarme porque no cabe en mi cabeza tanta desigualdad conformista, ausentarme para no tener que verme inmerso en el caminar sin mirarnos, ausentarme para ya no sentir más que empujo solo, ausentarme para no querer estar siempre en agua, ausentarme para no ser tan dócil a no entender, de aguantar, de pulir, de no morir, de no querer dejar de soñar; ausentarme por la imbecilidad de ser tan imbécil, ausentarme para no ver nunca más como alguien denigra a su par, ausentarme para no querer llegar tan alto, ausentarme para no tener que dar más explicaciones, ausentarme porque me cansa ser, ausentarme para no viajar más, ausentarme para retroceder a lo que no fue, ausentarme porque no hay espacio para una desilusión más, de mí, de ti, de nadie.

Llegué, con increíble calma, al colmo. Al colmo que rebasó la resistencia, al colmo que no quiere más calma. Pero, como detesto (en serio detesto) pensar y pensar una y otra vez estas situaciones e inmovilizarme una vez más, no habrá espacio para contar a nadie ni a nadie, no habrá lugar para la reflexión, no habrá espacio para cambio alguno, no habrá espacio para mí nunca más. Entonces, ¿en qué radica la ausencia? Radica en que, hoy por hoy, ya no soy yo. Me declaro un no-Leo. Me declaro un perdido. Me declaro un tipo que no aprendió nunca de tanta caída. Me declaro un imbécil sin remedio. Me declaro un estúpido que no quiere seguir más ahí, pero seguirá. Me declaro un pésimo hijo, un pésimo hermano, un pésimo ser humano. Me declaro un afanado de no querer existir en un mundo así. Me declaro un perdedor de la batalla de querer vivir sin mirar al del lado. Me declaro un vencido que ya no quiere más... hoy, en definitiva, me declaro todo aquello que no quiero ser, que no quiero ser.

Y así, entre tanto ardor, entre tanto cansancio, entre tanta amargura, doy por perdida mi primera gran batalla. Me voy, obligado, a dormir sin imaginar nada por primera vez en muchos años. Me voy, obligado, para que no pienses que esto no tiene sentido, que esto es pena del momento, que esto pasa con el tiempo y no quedará rastro. Me voy, obligado, para que sea más fácil huir y no pensar en cómo cambiar esto, ello, el mundo. Me voy, obligado, para no interrumpir aquella falsa felicidad. Y así me voy, obligado, para no tener que volver nunca más a leerme así.