9 jul 2016

La calma del compromiso


Salud y alegría
que ya pasó la desdicha
la muerte no cubrió nuestra historia
y tu barba se hallará otra vez con la mía,
que te no duela,
lo que en realidad no daña,
que la tormenta ya se ha ido
y sólo echó a volar nuestras murallas

Salud y dicha,
que volverá tu sonrisa a encender la mía,
tus ojos despertarán con mi rostro
cuidando tu pecho de noche fría,
Porque contigo no anhelo
aprender a disfrutar
juntos
lo exquisito de fracasar.

17 abr 2016

Cristo picado


Y me iré lejos de aquí
maletín en mano
ocultando,
una, tres, diez sonrisas
que tomaré de las que a ti te regalé,
en forma de mariposa,
porque ya no revolotean,
en forma de papel picado,
porque hoy sólo yacen trizas,
en forma de granizo,
porque enfrían hasta lo más minúsculo:
sonrisas
tiernas,
misteriosas,
anquilosadas,
¡qué maravillosa tortura!,
recordarte aunque deambule
lejos de ti,
lejos de mí,
¡qué agónica alegría!
ir así, aquí, de allí,
sonriéndole al viento,
tan refrescante como tu pecho,
arrancarme al mar
para empaparme con tu sexo,
huir al campo,
y que el trigo me alimente
con su sol enorme:
eras la hostia, el pan y el vino,
tu cuerpo, tu sangre,
tú,
el Cristo,
omnipotente
la presencia de lo ficticio,
yo pago tus pecados,
por ti me crucifico,
mas no soy yo quien resucito
tú eres el tercer día
tú eres quien desciende nunca digno
tú eres quien vuelve
para nunca
jamás nunca
volver a estar conmigo.

Por eso enloquecemos.


¿Y si desheredo a mi amor
provocando tus yagas
para brotar su alegría?

Si te tomo de la mano,
y apunto a las pampas cóncavas,
¿habré de florecer en tu seno?,
Podré, acaso,
recorrer el lago de Calama,
ser minero,
encontrar carbón
y calentar mis pieles
con mineral mojado?

Si enciendo tus caricias
con luces rojas,
con adorno molesto,
y miento
miento
miento
miento,
¿cambiarías el silencio
tan circunstanciado
por el destierro de esas violentas
idas y vueltas?

Qué tan agraciado sería
Dar ostracismo a la expectativa
y hacernos daño
hasta el hastío de jamás perdonarnos
por sólo no querer
perdonarnos.

Qué tan bello sería
asumir que somos humanos
que somos la masa,
de cariño licuado,
qué tan bello sería
asumir que a veces fracasamos.

Bajo mi sien
invento algo sobre mí
río con discursos,
y luego me arrepiento,
con discursos río
y me arrepiento luego

Por eso enloquecemos.

3 oct 2015

Por qué suplicas


Por qué suplicas
anonadado, triste
si las anchas de tus mejillas
desean siempre expandirse;
si lo arrinconado del deseo yace,
Oh, moreno futuro
tan allí dentro.

Por qué suplicas, 
si la pena es sólo un ticket, sólo un pasaje
y, tú sabes, cada uno decide si ser pasajero.
Por qué suplicas
si la incomprensión no es tesoro para ellos,
es lo inevitable, lo certero
la proyección de lo propio
lo único que el yo dice debo
¿cómo buscas que te comprendan?
si no estás allí, en lo ajeno.

Por qué suplicas
si, ya sabes, el camino está claro en tu pensamiento
No es necesario ser estratega
en cada uno de los anhelos
a veces basta el impulso: 
en el riesgo reina todo lo bello.

Por qué suplicas
Si el llamado ya fue escuchado
si el sí ya está dicho
si no hay más tejado:
lo azul ya es conchavino
la almohada cuerpo
la lucha camino
lo intelectual referido
y la vida ahí sigue
ahora ella suplicando tus versos.

2 ago 2015

Discurso - Finalización del curso del primer semestre 2015 - Escuela Sindical



Compañeros y compañeras graduados
Compañeros y compañeras de la Escuela Sindical
Profesores, Familiares, Estudiantes, Amigos y amigas,

Generalmente, cuando me ha tocado dar palabras en algún estadio en tanto representante del estudiantado –y lo recalco, sólo representante, es decir, la vehiculización de una voz, no quien suplanta a-, intento hacer el ejercicio de dar una especie de “corriente de la consciencia”, procurando que las ideas fluyan de forma natural, sin edición, sino sólo con estructura.

Así, entonces, al momento de recibir esta invitación pensé, en primer lugar, bueno, que no debía ser tan largo, porque la última vez me retaron un tanto por eso… espero no excederme de nuevo; pero luego, claro, en algo fundamental: loco poco valorado que ha sido el trabajo de la Escuela Sindical con sus ya cerca de 10 años de historia. Y quizás no sea lo más correspondiente para comenzar estas palabras, pero sí, como explicaba en un comienzo, lo más sincero: hemos planteado su situación, hemos escuchado su nombre en diferentes reuniones, y más allá de que sabemos que en lo efectivo existirán voluntades múltiples de cooperar, trabajar e impulsar en conjunto, lo cierto es que nada de eso será capaz de hacer justicia al trabajo que año a año han desempeñado tantos estudiantes anónimos en esta instancia.

No creo que sea ni siquiera necesario relatarles a ustedes, obviamente, el esfuerzo comprometido y sacrificado que representa esta enorme labor. Pero no puedo obviar, de ninguna forma, la expresión del más profundo reconocimiento no sólo del estudiantado, sino de toda una comunidad que, y acá el compromiso alentador del futuro, dentro y fuera de nuestras aulas sabrá de un proyecto que rindió tremendos frutos para nuestra clase trabajadora, para nuestra sociedad, para nuestro pueblo. No me cabe la menor duda de que la mayor alegría no estará en palabras redundantes que podamos mencionar, porque… ¿saben ustedes cuánto cuesta poder, en esta asfixiante carrera, en una facultad con un sinnúmero de cosas por corregir, poder ser estudiante, amigo, familiar, muchas veces militante, y además sostener tal nivel de compromiso con ustedes, con nosotros y nosotras, con nuestras justas causas? Yo imagino que sí. E imagino que sí porque ustedes también son padres, madres, hermanos e hijos e hijas. Y viven en su expresión más absoluta la explotación, y nosotros también en la lucha sacrificada contra ella: mis compañeros y compañeras son el mejor ejemplo, ese de sacrificio, entereza, pasión; que más de una vez les debe haber costado más de un dolor de cabeza… pero bueno, ¿qué es aquello comparado con la sana alegría de ayudar a forjar aquellas futuras victorias que nos llevarán, a todos y todas, a terminar con nuestras cadenas? La igualdad y la justicia deben dejar de ser sólo conceptos. Y ustedes los han encarnado en sus manos, de la forma más digna, de la forma más llenadora de orgullo a todos los y las estudiantes. Mis más sinceros reconocimientos, y, por cierto, agradecimientos.  Son gigantes, no dejen de saberlo.
Y bueno, permitiéndome haber dicho lo anterior, y claro, ligado a lo expresado, viene allí la frustración: la rabia de sentir que aún queda tanto por hacer, tanto por transformar, tanto de lo que aprender, tanto por lo cual –con humildad- asumir debemos reforzar y gestar, procurando siempre ser mejores, procurando siempre la victoria.

Nuestra carrera tiene una deuda enorme con el campo popular, con el cómo hacer de esta carrera una orientada al cambio social. Es, en definitiva, el contraste más crudo de la realidad, cuando nos damos cuenta que hoy gran parte de los abogados dedican su vida a defender a los poderosos, y a nosotros, los más humildes, los explotados, los que tenemos que aguantar los abusos en el colegio, en la universidad, en el trabajo, quedamos de lado. Es la reflexión que se gesta desde el clamor de una sociedad que requiere cambiar el individualismo por la cooperación, y frente a ello, sin importar nuestra edad, raza o sexo, no podemos resultar indiferentes.

Y allí, retruena un nombre: Nelson Quichiyao López. Con toda y cada una de sus letras. Honor y gloria. Honor y gloria porque tu muerte, bajo la cruel garra del acero, no será jamás en vano. Y acá contamos con distintos hombres y mujeres que, al alero de la constancia y también de la esperanza, habrán de seguir así un ejemplo de dedicación y lucha.

A nuestros compañeros y compañeras trabajadores y trabajadoras, a todos ustedes, también el más profundo agradecimiento. Porque sí, porque ustedes también nos hacen crecer, porque ustedes también nos dan el ánimo para que esta generación se decida a seguir luchando. Son un ejemplo para que nosotros, los estudiantes, jamás nos demos por vencidos, jamás cambiemos, y que dejemos en el olvido aquella frase molesta que tantos gustan de utilizar, que dicen que las esperanzas jóvenes son sólo sueños vacuos, que nuestro idealismo no es más que una etapa. Porque no, no lo es, porque al calor de la movilización hemos aprendido, porque al calor de las carencias aprendimos lo que era no tener, porque al calor de la experiencia empírica de la diferencia social aprendimos que nos quedaba un mundo por transformar. Gracias por enseñarnos, ustedes, todo eso. Con su ejemplo como padres, madres, hermanos o hermanas, por su ejemplo como trabajadores y trabajadores.

Por último, un compromiso y un llamado. El compromiso de que la lucha que relataba al comenzar estas palabras desde el estudiantado por transformar nuestra Facultad y país continuará, no descansaremos en ello, seguiremos peleando por abrir espacios y traspasar las fronteras de lo que se nos impone como lo posible. Y, por otro lado, el llamado. El llamado modesto, humilde, a que todo lo que significó el proceso de aprendizaje se replique, se enseñe, continúe, que puedan transformarse en voceros de lo adquirido, que motivemos a más trabajadores y trabajadoras a hacerse parte, que no olvidemos que aquí nadie sobra, que requerimos siempre de más manos y puños en alto para seguir luchando. Estoy seguro que la única gratitud que se requiere es no callar frente al abuso de nadie en sus trabajos, de organizarse, de pelear por sus derechos y de hacer crecer cada una de esas mismas fronteras que nos tratan de imponer, terminando con un sistema que nos quiere sumisos para mantener su base de desigualdad.

Muchas gracias por estar aquí, por haber sido parte de este hermoso proyecto, y recuerden que  siempre encontrarán en esta facultad un espacio y recibimiento, porque como dijimos hace un tiempo atrás, y sin duda alguna, esta facultad también les pertenece.

Muchas gracias.


7 jun 2015

El ahogo de la esperanza

Cuando algo se ahoga
cuando algo perece así
hay una paradoja, difícil, inalcanzable
como son, ¿se supone?, las paradojas:
como tú, quizás,
de vaivén: de ir y venir,
de temor y entrega,
de felicidad y miedo,
de molinos inventados,
de no saberte Sancho o Quijote,
de mezclar príncipes con zorrillos.

Oiga, compañero,
¿no es el agua vida?
es el exceso de aquello,
estar satisfecho de vida
esa línea tan delegada, entre lo justo
y lo necesario
pero si es justo, ¿no es entonces necesario?
¿y qué es lo justo de vivir,
bajo el riesgo, tan inminente,
del ahogo,
de sucumbir,
de dormir bajo un licuado cuerpo?

Ahora hay un grito que yo mismo ahogo, 
cuando quiero y no puedo, 
cuando puedo y no quiero, 
susurro bajo, veloz y complejo
para no entenderme y creer que algo digo
algo gélido; algún témpano, algún médano
de algo que allí murió
de algo que quiero ver muerto
de algo que, siempre guardo,
con la esperanza de volver a tenerlo.

28 abr 2015

Balas con dirección


En facebook, el perfil de la Junta de Vecinos "Huamachuco 2", acaba de publicar "Por favor: ¡¡No mas balaceras en nuestra poblacion!!".
El jueves, volviendo a casa, y mientras -para variar- pensaba y pensaba escuchando música (ya ni recuerdo qué artista era, quizás habría sido un mejor cuadro recordarlo) sufrí un 'pequeño' accidente.
La verdad no lo recuerdo bien. Ahora, en retrospectiva, creo que indudablemente estuve en shock, o quizás -como última opción- en un nivel de torpeza que sólo podría explicar el desgaste físico y emocional.
Pasó lo que muestra la foto: una bala -según los pasajeros- cruzó la micro de lado a lado, rompiendo ambos vidrios. Yo no me percaté. Lo que es peor, considerando que yo iba sentado justo donde se muestra la foto, es decir, la supuesta bala pasó a ¿cms? de mí. Y ahora estoy aquí, escribiendo, sin entender por qué causa, motivo, razón o circunstancia no me dio en la cabeza, siendo que por la misma foto me resulta aún más inexplicable. Yo iba sentado allí.
Yo sólo recuerdo que 'desperté' de mi insconciencia cuando, de pronto, tuve un cúmulo de gente encima mío preguntándome si estaba bien, revisándome la cabeza, si tenía sangre, algo. Con ello, el recuerdo de pedacitos de vidrios por todo mi cuerpo (los peores eran los de mi cabeza, qué tortura sacarlos con mi (ya no tan) crespo y frondoso pelo). De ahí mucha preocupación, micro detenida, carabineros, rutina, procedimiento, más rutina, más procedimiento.
Lo cuento por acá a dos días de eso porque, justamente, la supuesta bala provenía de las afueras de la población Huamachuco. Esas balas que estuvieron a poca distancia de -quizás- quitarme la vida, pero que son balas que aterrorizan día a día a niños, jóvenes, adultos, abuelos y abuelas. Esas balas que se generan desde la segregación, desde la droga, desde el populismo que en Renca jamás aborda el problema de raíz, sino sólo en lo conveniente, sino sólo en disfraz, sino sólo en "cambiemos algo para que nadie cambie".
Y porque son balas de injusticia. Balas de desigualdad de un sistema a todas luces cruel.

26 abr 2015

Aborto: Legalidad, moral, política y compromiso social en la Universidad de Chile.

Aborto: Legalidad, moral, política y compromiso social en la Universidad de Chile.

Hace pocos días atrás, la estudiante de segundo año de Derecho en la Universidad Católica, Rosario Corvalán, escribió para “El Puclítico”, una columna de opinión denominada “Universidad ¿de Chile?: Misoprostol e ilegalidad”. Esto, en el marco del taller “Aborto con pastillas”, realizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, organizado por diversos colectivos que tratan la temática del aborto, el género y la diversidad sexual, como también por el Centro de Estudiantes (CED) de dicha facultad. Al respecto, y como Presidente de aquél, tildado reiterativamente de forma indirecta de “inmoral” por la columnista, es que escribo (escribimos) las siguientes líneas, a modo  -por supuesto- de réplica no dirigida necesariamente a la estudiante, sino como la vociferación pública de aquello que, sostenemos, es lo relevante en esta discusión.

Comencemos. En primera instancia, diferenciar algunos planos que no logran separarse en la columna: la Universidad de Chile, específicamente la Facultad de Derecho, no es la institución que organizó el foro. Este, tal como expresa en su columna Rosario, fue organizado por los grupos anteriormente mencionados. De ahí que la columna cae en un rotundo y reiterativo error: confundir una institución pública que abre los espacios para el debate y la reflexión, con que lo que se plantea en dichos espacios sea necesariamente la visión de aquélla,  dejando entrever una nula o débil costumbre democrática deliberativa. Rosario nos conmina, entonces, a lo autoritario: si yo no estoy de acuerdo con tu posición desde lo institucional, simplemente no debo permitirte el mero acto de enseñar o reflexionar.

El misoprostol, reconocido y recomendado por la Organización Mundial de la Salud, es posible de ser adquirido por todo el país, siendo de fácil acceso, también, su información por la web. Así lo reconoce el mismo Informe de Derechos Humanos del año 2013 [1]. Acá aplica, entonces, la doble moral: ¿hacemos, Rosario, oídos sordos a la realidad del país, despreocupándonos de la gran cantidad de mujeres que muere al año en el mundo [2] y en Chile por abortos, e incluso de los mismos 18.000 a más de 100.000 abortos que se estima se realizan al año en nuestro país[3]? ¿Hacemos vista ciega, Rosario, y deseamos que aquellas mujeres mueran en silencio, o tengan consecuencias físicas y emocionales para el resto de sus vidas? ¿Hacemos caso omiso, Rosario, de las más de 180 recomendaciones que ha recibido Chile desde el Consejo de Derechos Humanos de la ONU de legalizar, al menos, el aborto terapéutico?

Pero vamos a lo concreto: la premisa esencial es que el aborto, ilegal en nuestro país, e inmoral desde la posición ética de la columnista, no puede ser objeto de -en sus formas efectivas de realizarlos- de ser problematizados ni enseñados. Es, en sus palabras, “atentar contra Chile”. O, al menos –y sincerémoslo- con el Chile que Rosario defiende.

Desmenucemos. La primera premisa es que, la intención de la autora, “no es demostrar la inmoralidad rotunda del aborto, sino lo patético de que una Universidad estatal enseñe a delinquir; lo insostenible de que un lugar mantenido con fondos del Estado esté capacitando gente para cometer un delito”. Primero, extraña concepción del calificativo: no pretende demostrar que aborto es “rotundamente inmoral” (¿asumimos, inicialmente, que lo es?), pero no hay discusión alguna para determinar que realizar una jornada de información y discusión a su respecto, sí. Segundo, y valdrá la pena mencionar, que gracias a un modelo económico que trasluce un sistema de educación al servicio del mercado (modelo creado por los “Chicago Boys” de la misma universidad de Rosario) la Universidad de Chile tiene un paupérrimo aporte estatal: inferior al 10%. Lo señalamos, más que nada, porque la premisa es engañosa en términos de la amplitud que intenta plantear en términos de financiamiento. Pero más allá de eso, obvia algo fundamental y ya señalado: la función pública de la Universidad es, justamente, dar cabida a la capacidad de discusión y problematización sin sesgos impuestos, menos aquellos provenientes de una determinada religión. Eso es lo público, eso es lo laico. ¿Por qué si Rosario no comparte ni aprueba el aborto, debiese ser, entonces, dicha posición la única existente? Por otro lado, veamos la contraparte: la Universidad Católica, siendo un proyecto confesional y por supuesto privado, y que recibe también aportes del Estado a través del AFI, es la misma Universidad que desvinculó hace poco a dos profesores simplemente porque Ezzati, cardenal del país, y el Rector, Sánchez, así lo decidieron en tanto no acomodan a su posición política y religiosa. Esa misma acción, ilegal, por cierto (y que tiene demanda a la UC) implica un claro sesgo: mientras en la Universidad Pública se permite pensar, en el proyecto universitario del cual Rosario es parte, y financiada por el Estado, la ilegalidad se comete sin tapujos con tal de evitar la diversidad. Debemos suponer que, al menos por consecuencia, Rosario debe haber tachado a Ezzati, Sánchez y su Universidad, al menos, de inmorales. Para qué hablar, claro está, del caso PENTA: personeros egresados de la Universidad Católica que delinquen. No nos cabe la menor duda de que ha escrito sendas columnas criticándolos.                                            

Pero continuamos. Que, al contrario de lo que busca Rosario, esto no es una oposición de universidades. Y es que es simple: no somos fanáticos de la Universidad de Chile, porque reconocemos sus múltiples falencias. La primera de ellas, es que ésta sea efectivamente un reflejo de la sociedad chilena, eliminado la elitización que genera esa incapacidad de cuestionar que vive su universidad. Tampoco buscamos, como lo plantea la autora, caer en el absurdo de categorizar, a través de un hecho particular, una universalidad totalitaria: reconocemos el trabajo de muchos estudiantes de la Universidad Católica que luchan día a día por transformar su Universidad, y lo compleja de la tarea frente a la obcecación y fanatismo de quienes no buscan ni buscarán mirar por fuera de su realidad. Terminemos con el infantilismo.

Rosario, adelantándose a lo que piensa el lector, señala que no se permite abalar el taller en términos de “Libertad de expresión”, lo cual dirían los “autómatas” e “iluminados”, ni menos con que “no estamos haciendo algo ilegal, sino solo enseñándolo”, como se jactarían “los pillos”. Más allá de lo caricaturesco que se utilice el término “autómata” (que en griego significa alguien espontáneo y con movimiento propio, lo que efectivamente parece molestar) e “iluminados”, como si la libertad de expresión no incluyese, justamente, la capacidad de diferir frente a lo que se considera por otros como lo correcto, Rosario –inteligentemente- se adelanta a la realidad: efectivamente, y como suponemos sabe una estudiante de Derecho, aquí no hay delito: no se realizaron abortos, no se entregaron pastillas, no se indujo a nadie a abortar. Tampoco es delito que se explique cómo se realizan efectivamente los abortos. Y eso Rosario lo sabe muy bien (o sea, vamos al absurdo que tanto parece gustar: jamás podría explicarse, en una clase de Derecho Penal, la realidad en torno a los abortos en Chile). Llevémoslo a lo fáctico: Rosario quizás ignora, de extraña forma, que basta hacer unos cuantos clicks para encontrar la información sobre lo que se expuso en el taller en internet. Es decir, al parecer reproducir y cuestionar lo que allí se encuentra es, por cierto, más grave que leerlo en una página web. Parece que acto –a cara descubierta, en conjunto y sin miramientos- de enseñar y discutir resulta efectivamente inapropiado. Entonces, se devela la posición real que trasluce toda su carta, y digámoslo con todas sus letras: existe un alarido en torno a la molestia que se genera, desde su moral cristiana, que se pueda llegar al aborto. No es un tema legal. Es un tema político. Seamos claros.

“¿Qué pasaría si mañana se enseñara a torturar animales?, ¿o a “pegarse un lanzazo”  en la calle?, ¿o a abusar sexualmente de menores? ¿Se podría esgrimir la libertad de expresión en esos casos?”. Y esto demuestra justamente, lo anterior: la errada y vergonzosa posición de comparar los derechos reproductivos y el derecho a la vida misma (porque la vida no es sólo nacer, es también la integridad física y psíquica; que como sabrás, Rosario, lo establece nuestra Constitución, tratados internacionales y jurisprudencia) con el absurdo de torturar animales –disfrute patológico sin colisión de derechos fundamentales-, robar o… ¡abusar de menores de edad, ¡“violar mujeres feas”!  Porque sí, Rosario, efectivamente quienes creemos en la libertad de decidir, el derecho a la vida y que queremos terminar con una historia de opresión y dominación hacia la mujer, ¡tu mismo sexo!, somos aquellos que velaríamos por aquello, como si no fuese el absurdo frente al prisma político –e incluso constitucionalista- que planteamos. Eso sería una contradicción, una contradicción tan clara como la de tu carta, que no es pro-vida, es simplemente pro-nacer.

Como decíamos, este problema es y será político. Pero se disfraza, nuevamente, de algo técnico: Rosario nos conmina a recordar que el “derecho a la vida del que está por nacer” aparece en la Constitución, y que incluso está tutelado por el recurso de protección. Más adelante, nos dice que el aborto es asesinar una persona (como si aborto y asesinato no fueran, justamente, delitos distintos). Luego, que pretendemos darle la espalda al orden jurídico positivo en pos de un derecho (¿natural?) de la mujer”. Rosario: el Código Civil establece diferencias entre los seres humanos nacidos (que son titulares de derechos subjetivos públicos o privados) y los seres humanos no nacidos (que son objeto de protección jurídica). Esto se indica en el artículo 74, en la medida que “la existencia legal de toda persona principia al nacer, esto es, al separarse completamente de la madre” (o revisa la definición de persona del art. 55 del mismo cuerpo legal), disponiendo, por ende, de los denominados atributos de personalidad: nombre, estado civil, domicilio, etcétera. ¿Es el feto una persona? En vista de lo anterior, no. Tampoco el feto es titular de todos los derechos fundamentales que consagra la Constitución: el feto sólo tiene el carácter de protección legal de “la vida que está por nacer”, en distinción literal del derecho a la vida de toda persona, el cual se asegura a las personas en el mismo art. 19 N°1. El feto carece del resto de los derechos fundamentales de nuestra Carta Fundamental en tanto no es persona; de lo contrario -y como insinúa la posición contraria al aborto terapéutico- tendríamos que definir que el nasciturus tiene derecho a la inviolabilidad del hogar y a la correspondencia; libertad de tránsito, libertad de iniciar una actividad económica, etcétera, es decir, un verdadero sinsentido. Rosario: el feto no es una persona. Rosario: el aborto no es sinónimo de un asesinato.  Rosario: si vamos a utilizar lo legal, que sea sin disfraz. De lo contrario, le mentimos abiertamente a nuestra sociedad [4].

Y entonces, ¿habrá algo de cierto en la columna? Y es que la columnista al menos sí tiene un punto totalmente concedido: el taller efectivamente es y será un éxito, lo fue en Medicina, lo fue en Derecho, y eso no es más que por la sencilla razón de que es una temática real, cotidiana, concreta, fuera de la abstracción de posiciones axiológicas carentes de absoluto apego con las necesidades de nuestro país. Porque claro, es fácil reiterar posiciones rimbombantes contra el aborto desde la comodidad de la teoría, desde la comodidad del “yo vocifero, pero no me involucro”. Que todas esas mujeres –tu sexo, por cierto, Rosario- tengan que parir obligadas, ¿total? Qué importancia la calidad de vida del futuro niño o niña, qué importa su vida misma, qué importa la salud psicológica y física de la mujer, qué importa en comparación con la retórica obcecada, desprendida de toda materialidad. Los abortos es y son una realidad: sean en una Clínica privada con la doble moral de gran parte de quienes se encuentran en contra, ya sea con pastillas en el silencio obligadamente culpable de un modelo hecho sólo para algunos.  Las altas cifras de aborto en Chile (que en muchos estudios superan los 100.000 casos al año), donde muchas mujeres mueren dando a luz a fetos muertos, inviables o producto de una violación, no son un invento: son una realidad. Que seamos uno de los cinco países de América Latina, más Malta y El Vaticano, donde no está permitido ni siquiera el aborto terapéutico, no es un invento, es una realidad [5].

Si desde tu visión somos, como estudiantes de la facultad de Derecho de la Universidad de Chile o Centro de Estudiantes, abortistas e inmorales, si desde tu visión somos parte de la desfachetez de “matar Chile”, bueno, entonces lo somos.  Lo somos, y lo seguiremos siendo, porque tienes razón: nosotros sí le damos la espalda a Chile. Pero a uno muy particular: a aquél que vive del doble estándar, aquél indolente con la realidad país, aquél donde prima la desvergüenza. Porque hay una sencilla y clara diferencia: acá pensamos en el país y sus necesidades, acá pensamos en lo que efectivamente acontece fuera de nuestra cómoda burbuja, aquí pensamos en un mundo completamente distinto al que tenemos. Y lo vamos a decir una y otra vez con el orgullo no del lugar donde estudiamos, sino con la satisfacción de que el prisma del compromiso con nuestra sociedad adolece de las caretas que utilizan los mismos poderosos de siempre para hacer valer sus pretensiones.  Ese es el compromiso real con nuestro Chile: el compromiso efectivo con su pueblo.



Leonardo Jofré R.
Presidente
Centro de Estudiantes de Derecho
Universidad de Chile.






[1] Informe Anual de Derechos Humanos, Universidad Diego Portales, Santiago, 2013, p. 75. 
<< Veáse online en http://radio.uchile.cl/wp-content/uploads/2013/10/libro_DD_HH_interior.pdf>>

[2] World Health Organization, Department of Reproductive Health and Research. Unsafe abortion: global and regional estimates of incidence of unsafe abortion and associated mortality in 2003, 5th, WHO, Geneva 2007.
Harris LH. Stigma and abortion complications in the United State,  Obstet Gynecol,2012; 120:1472.
<<Véase online en http://www.un.org/millenniumgoals/bkgd.shtml>>.

[3] <<Veáse online en http://colegiodematronas.cl/index.php?option=com_k2&view=item&id=2046:controversia-acerca-del-n%C3%BAmero-de-abortos-en-chile&Itemid=168>>

[4] Para qué referir, entonces, a la extraña omisión de los tratados internacionales ratificados por Chile que reconocen el aborto como un derecho. Uno de ellos es el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, de enero de 1976, cuyo comité ha vinculado el derecho a no ser privado de la vida arbitrariamente, establecido en el artículo 6 del documento, con la realidad fáctica de las miles de muertes maternas producidas por los abortos clandestinos. O la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (Cedaw), que garantiza en su artículo 12 el derecho de la mujer al acceso a servicios de atención médica en condiciones de igualdad, incluyendo los que se refieren a la planificación de la familia. Como sabrás, Rosario, el art. 5 inciso 2 de nuestra Constitución no sólo reconoce los tratados internacionales en el deber de “promoción” del Estado, sino que también los integra en el ordenamiento jurídico mediante el bloque de constitucionalidad. Su rango, según el tribunal constitucional, es supralegal: es decir, está por sobre la ley simple que tipifica el aborto

[5] Informe Annual de Derechos Humanos, Op. cit., p. 82.

29 mar 2015

Enajenación


Hoy me sucedió algo que me hizo dar una que otra vuelta a muchas cosas...
En el supermercado hay cierta gente que tiene prohibida la entrada. ¿Por qué? Porque van siempre y han, en aquellas ocasiones, armado peleas, robado cosas o siempre van en estado de ebriedad.
Bueno, dos de aquellos tipos -categorizados como 'flaites'- algo curados, se pusieron a discutir por ello con los guardias: les habían prohibido el ingreso. Con ello, uno comenzó a ofender al guardia, nuestro compañero de trabajo. Le dijo "si tuvieras cuarto medio sabrías que este es un lugar público, no pueden no permitirme ingresar".
Yo empacaba muy cerca. Siguió ofendiéndolo de aquella forma, es decir, desde su posición de explotado a otro explotado. Lo buscaba humillar porque, para él, ser guardia era tener poca educación. Lo buscaba humillar sólo porque no le permitían ir a comprar un sixpack de cervezas.
El guardia tiene una numerosa familia, donde él es un sustento importante. Trabaja el doble de jornada, por su madre y sus hermanas. Él está al último. Siempre lo veo cansado, de ahí le "meto conversa", hablamos, tiramos la talla, me responde "así no más es el asunto, hay que trabajar". Y él, el mismo, aguantó impertérrito cada una de las palabras expresadas.
Yo no pude. Me di vuelta, dejé la caja, y les dije, con rabia, que pararan, y que por cierto quien decía lo del sector público estaba siendo, aparte, un soberbio porque estaba equivocado en lo que argumentaba. No me gusta que discriminen a la gente, no le prohibiría a nadie el ingreso. Pero aquél, enajenado por el sistema -claro está- humillaba a otro... ¿por qué? ¿por una cerveza que no le dejaban comprar? ¿tanto valía para él aquello al punto de desembocar su frustración con un tercero que jamás lo provocó? ¿O más bien no se mide ni matices verbales ni la clase cuando se trata de sacar el odio que el mismo sistema te inculcó?
El tipo del lado del que se burlaba de mi compañero, con un gesto que no puedo olvidar, crispó los dedos y me dijo "anda a empacar". Me ordenaba mi función, también inferior. El que proliferaba soberbio error, me dijo muerto de hambre. Se enojaron tanto con mi interrupción, que me amenazaron y me dijeron que me "esperarían afuera".
Otro guardia les compró su cerveza para que se fueran. Mi compañero guardia me pidió calma, "Leo cálmate", y se puso entremedio para que no me siguiera involucrando. Logré conservarla sólo por él, mientras todo el mundo miraba la situación. La triste situación.
Se fueron. Seguí empacando no sin antes aguantar sus insultos. Aún tiritaba de rabia, y claro, algo también de miedo. Me sentí tremendamente violentado. Pasado todo, para coronar la situación, las siguientes personas que continuaron por la caja sólo atinaron a decirme frases que oscilaban entre "por qué existen esos flaites", "deberían encarcelarlos a todos", "ten cuidado afuera, no te vayan a hacer algo". Fue aún más perturbante, ¿cómo no entender por qué actúan así, y cómo poder congeniarlo con la rabia del momento?
Hay claridad en lo que pienso y siento, no dudo de mi posición política con esto, sólo lo reafirma. Pero qué crudo es sentirse humillado por quienes la mayoría rechaza, mas yo -como otros- buscamos no sólo entender, sino también defender de un mundo que los culpa por ser lo más relegado de un sistema segregador, injusto y cruel.
En fin, como muchas otras veces he dicho, queda mucho aún por hacer. Y algún día, que no quepa duda, cambiaremos todo esto. Por ellos, por el guardia, por todos y todas.

Elección de Decano


Señor director:
Por el presente medio se informaba la semana pasada del proceso eleccionario para el Decanato en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. Dicho proceso -que se inició luego de su paralización durante casi un año- tiene importancia no sólo al interior de nuestra facultad, sino que también en la proyección hacia la sociedad de qué universidad pública deseamos construir para nuestro país. 
Al respecto, cabe preguntarse por qué la elección de una figura que representa no sólo a los docentes, sino que a toda la comunidad universitaria (estudiantes, profesores y funcionarios no académicos), es elegido sólo por sus pares docentes. La universidad pública se construye bajo el esfuerzo, trabajo y dedicación de todos sus actores, piedra base de su fundamento público y social. 
Así lo ha entendido el Senado Universitario de nuestra casa de estudios, impulsando un proceso de reforma estatutaria, donde sectores conservadores han intentado repeler los avances en dicho sentido: la necesaria democratización de nuestra universidad, dejando atrás su impuesto y mantenido autoritarismo.
Como estudiantes nos organizamos no para exigir algo carente de reflexión ni ahistórico; planteamos la necesidad de retomar las raíces de la construcción triestamental de la educación y su proyecto al servicio de las necesidades de todo su pueblo y no del mero haber individual. Construcción conjunta no lejos de la experiencia latinoamericana, no lejos de lo que nos arrebató la dictadura cuando existía el claustro pleno y la participación de sus actores.
Leonardo Jofré Ríos
Presidente Centro de Estudiantes de Derecho de la Universidad de Chile

26 oct 2014

Discurso cambio de mando CED 2014-2015.


Estimados y estimadas compañeros y compañeras,
funcionarios y funcionarias,
comunidad docente presente,
Sr. Decano, Pierino Perazzo,
Sr. Vicedecano, Álvaro Fuentealba,
Sra. Directora de Escuela, Carola Canelo,
Sra. Secretaria de Estudios, Mónica Velozo,
Compañeros y compañeras de la Mesa CED saliente,
TRICEL:


Sin duda alguna, es difícil dirigir estas palabras. De hecho, nunca tuve muy claro cómo comenzar, qué plantear, cómo poder abrir más que un discurso un diálogo a través de estas palabras. Y llegué, con todas esas ideas y vueltas, a que lo único adecuado y correcto era ser lo más sinceros: escribir y hoy relatar aquello que nos motivó -como grupo humano- a asumir este compromiso.

Y digo que es lo más sincero porque parte de la convivencia del día a día. Porque quizás, con nuestras experiencias, se ve reflejado un universo amplio de compañeros y compañeras cuya realidad existe, pero es poco comentada. Porque somos parte de aquellos que viajan una hora o más para llegar a la Universidad, aquellos que provienen de la periferia, de La Cisterna, Conchalí, Renca, Maipú, esa periferia que hoy es excluida, esa periferia que queremos que esté aquí, con nosotros, representada en esta facultad. Porque también somos parte de ese grupo de estudiantes de región que viaja una o dos veces al año, que extraña, que necesita, que sabe el tremendo pesar que siente su familia por su lejanía, pero a la vez la tremenda alegría de que su hijo o hija estudie en esta facultad. Porque también somos parte de aquellos que vienen de Bachillerato, una realidad lamentablemente hoy secundaria, una realidad hoy omitida con sus problemas y complejidades, pero una realidad hermosa que nos hubiese gustado todos pudiesen vivirla. Porque sabemos lo que es provenir de intercambio, porque sabemos lo que es quedar en aquellos ciclos intermedios, muchas veces rezagados “a lo que quedó”, como un estudiante -nuevamente- de segunda categoría.

Y porque hay una cuestión muy básica, elemental: no podemos seguir dejando de lado realidades que hoy son solapadas en nuestra Escuela. La premisa es muy simple: hay que repensar y reconstruir nuestra facultad, y para ello se requiere, urge, necesitamos que se visibilice el rostro de todos y todas. He ahí la centralidad: existimos muchos que quizás nos concebimos desplazados. Sin voz. Omitidos. No escuchados. Y aquí existe una tarea, éste será el sello del nuevo CED que hoy asume, ése es el compromiso: que aquello nunca más vuelva a pasar en nuestra Escuela. Hay realidades que no pueden seguir esperando.

Porque lo dijimos y fuimos enfáticos en nuestra campaña: para recomponer las confianzas y volver a creer en la acción colectiva como motor de transformaciones - profundas transformaciones- debemos recuperar el concepto de comunidad universitaria. Y aquello ya no pasa sólo por tener un cuerpo estudiantil fuerte, comprometido, atento al estudio y la discusión, sino también por entender que no sólo somos un actor: somos un actor tremendamente, importante, pero un actor tremendamente importante que va codo a codo: particularmente, ni yo ni mis compañeros y compañeras nos sentimos ni nos sentiríamos nunca más que cualquier otro miembro de la comunidad universitaria. Y con ese mismo clamor, asumiendo el rol que cada uno juega en este espacio, es que queremos decir algo importante: la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile la construye su pasado, su presente y su futuro, pasado, presente y futuro que ha sido levantado por académicos, funcionarios y estudiantes, y queremos -así mismo- seguir haciéndolo: para volver a poner a la Escuela en los desafíos de un pueblo y país demandante debemos recomponer las confianzas, empoderar toda -y digo toda- nuestra comunidad, donde la triestamentalidad no sea sólo discurso, sea materialidad, sea acción y transformación. Creemos y vamos por una triestamentalidad efectiva.

Este 2014 vivimos una situación especial en nuestra Escuela. No hablamos, con ello, sólo de la administración del Centro de Estudiantes, CED al que, pese a todas nuestras públicas y visibles diferencias, sobre todo críticas por lo que representaba el no-proyecto de lista, reconocemos intentaron en todo momento sacar a flote un trabajo abierto. Hablamos de la despolitización. Pero la culpa no fue de retrocedamos: la culpa fue de nosotros, estudiantes que creemos en la política, estudiantes en su conjunto, quienes no supimos hacernos cargo de las desconfianzas que se generaban en nuestro espacio. Los colectivos políticos nos equivocamos: la omisión de trabajo, el doble discurso y el “todo vale” inevitablemente dañarían las confianzas. Este fue un diagnóstico presentado por todas las listas a Centro de Estudiantes. Lamentablemente, vemos como dentro de la misma campaña, e incluso después de los resultados, fue por muchos y muchas nuevamente olvidado. Aprendamos la lección, tomemos las enseñanzas: diferencias tendremos, siempre, es justo y adecuado, mas los objetivos que nos planteamos nos acercan mucho más de lo que nos separan. Unidad. Unidad. Unidad.

Y bueno, en lo concreto, ¿cuáles son los desafíos?

Primero, la construcción de una facultad que hoy esté al servicio de su pueblo, con un proyecto país claro y determinado. Se ha avanzado con el PDI, y ahora velaremos y trabajaremos por su instauración y cumplimiento. Pero falta. Debemos conjugar un proyecto claro, que dote al perfil del egresado de las competencias necesarias para su formación integral y también para pensar la sociedad. No queremos formar sólo esclavos del mercado. Queremos formar hombres y mujeres decididos a transformar, decididos a aportar y ser agentes de cambio.

Avanzar en el acceso y plantear un proyecto de transformación del mismo. Cuánta pena nos da que como estudiantes nunca haya sido un tema tan relevante. Cuánta pena nos da que hoy los estudiantes de colegios públicos estemos cada vez más invisibilizados en la matrícula. Cuánta pena nos da recordar a nuestros compañeros y compañeras que hoy no están acá, que no pudieron estar, que desde dictadura nunca nadie quiso que estuvieran, porque hubo unos pocos que a través de la fuerza, el odio y la muerte decidieron por todos nosotros. Lucharemos a nivel estudiantil nacional por la reforma. Lucharemos a nivel local para abrir los espacios para que nunca nadie vuelva a patear piedras, para que nuestra clase se haga presente en esta misma aula.

Trabajaremos porque nuestra Universidad comprenda que no puede avalar el subcontrato, menos una facultad de Derecho. Terminemos con la precarización laboral. Fin al subcontrato. Trabajemos por terminar con la opresión: de estudiantes a funcionarias, de profesores a estudiantes, de estudiante a estudiante: en el plano que sea, en el plano que se presente. Respeto mutuo. Comprensión. Que nadie más tenga que sentirse menos por su etnia, origen, sexo, lugar de donde proviene u orientación sexual. Que nunca nadie nunca más se vuelva a burlar de alguien por ser romper el consenso impuesto y su prejuicio, por ser distinto.

Por último, y dentro de muchos otros ejes, una cuestión fundamental: el Bienestar. Y no retrocederemos en esto: no es sólo lo inmediato, no es sólo lo que para muchos es banal, es la preocupación por nosotros mismos, por el que tenemos al lado. La situación es muy clara: hoy el estudiante que a veces no puede comer, hoy el estudiante que no puede pagar la micro, hoy el estudiante que no puede acceder a mejores condiciones de estudios, existe, está acá, y somos muchos más de lo que algunos creen. Porque existimos, existimos esos desfavorecidos de los cuales algunos no se sienten parte y por lo mismo critican sin entender, sin empatizar. Avanzaremos con decisión en esta materia, con miramientos y sin vacilaciones.

Son grandes transformaciones. Sabemos que es complejo, sabemos que es difícil. Pero tenemos claridad, certeza, convicción, de que con la disposición, el esfuerzo y el corazón de cada uno de los presentes, y también de los que no están acá, podemos, y sí, no sólo podemos, lo lograremos.

Porque iremos codo a codo aportando al movimiento estudiantil, y para eso requerimos volver a creer en transformar, la acción colectiva y los grandes cambios. Porque iremos por esa gran reforma a nivel nacional de una educación pública, gratuita, democrática, laica y no sexista; porque iremos por esa gran reforma local que ponga nuestra facultad al servicio de nuestro pueblo.

Porque ya hemos aguantado mucho y no podemos seguir esperando. Ya nos caímos y supimos levantarnos. Porque como dirían por ahí, por 1989, “nunca el hombre está vencido, su derrota es siempre breve”. Compañeros, compañeras: por una nueva sociedad, por una nueva facultad: a crear y luchar.


Muchas gracias.

24 jun 2014

Trapecio infiel



Mírame
estoy por envidia humana enjaulado:
soy tu pájaro herido
acorralado por seres, ni siquiera,
de instinto reprimido,
si no de querer ser libres,
no sumisos.

No creas historias
de vicios de indecisión:
tú me conoces,
moldeas mis instintos.
Yo te amo,
tú, ¿me amas?
entonces,
¿para qué escuchas otra cosa,
Si no habrá oído para algo mejor?

Son vuelos de una sola mano
soy volcán y lago,
erupción y espera
de ese deseo de raíz cuadrada
para el trapecio de dieciséis piernas.
Y es que extrañaba tanto el tinto
que hice vino con otros labios,
labios de abertura al guiño necesario
para merodear en telares rosa
para tejer, exhausto,
de pedrada a emboscada,
punta croché a una nueva alma.

Amor no-mío
¿por qué me dices eso?
no te he sido infiel,
sólo amé más de lo permitido
y es que este corazón,
tan grande y desprendido,
no sabe conformarse
 con un único cariño.

11 feb 2014

Frente a los dichos de Van Rysselberghe: una breve respuesta desde el sentido común y el Derecho.



El día lunes 10 de febrero la senadora por la región del Bío Bío, Jacqueline Van Rysselberghe, declaró a La Tercera que “un niño no tiene la culpa de que lo adopte una pareja homosexual, indicando que va a sufrir el peso de la discriminación”. A su vez, señaló que “el apoyo al matrimonio homoparental, que incluye la adopción de niños y niñas, vulneraría los derechos del niño, los cuales a su juicio deberían estar por sobre los derechos de las minorías sexuales”.


No pretendo rebatir dicha postura que representa, en su conjunto, una posición política y moral desde los datos empíricos que hoy manifiestan un absoluto contrario a la idea que, de alguna u otra manera, los niños se verían afectados por tener una familia homoparental. Responderé desde los dos ámbitos en los que pareciese basarse la senadora: desde el sentido común y desde el Derecho.


El entender que el niño o niña sería discriminado por tener una familia homoparental es un argumento tramposo en tanto gira en torno a “consensos sociales” que como tales no son estáticos. Es decir, si hoy existe la discriminación es porque, en definitiva, bajo esos valores se ha desarrollado nuestra sociedad. Pero cada vez dicha situación, que parte desde la concepción del homosexual como “raro”, “antinatural” o el otrora “enfermo”, van desapareciendo paulatinamente de la misma, ya sea tanto desde  el efectivo entendimiento de la condición sexual como algo que no importa ningún tipo de discriminación (o un paso más allá, desde la adecuada internación y profundización de la teoría de género, aún minoritaria en este proceso), como desde lo que autores como Zizek llamarían “tolerancia represiva”, en donde se mantiene la opresión pero se asemejan ciertos tipos de integración que parece ocultarla, particularmente cuando dicha integración es servil al mercado o prototipos determinados que no atacan la raíz del problema en la misma. Sea una u otra, o en sus diferentes matices, lo cierto es que nuestra sociedad ha efectivamente interiorizado de mejor manera “la problemática homosexual”. De esta manera, argumentar en torno a lo incorrecto de la adopción por parte de parejas homoparentales en tanto la discriminación que ello conllevaría no es sólo no asumir el cambio de la sociedad, sino forzar mecanismos para retener el avance de éste o en desmedro de ello hacerlo ralentizarlo. El  problema no es la adopción, el problema es la discriminación. Es a ella a la que hay que atacar, desde las aristas de educación formal en todos sus niveles hasta en la convivencia del día a día. Negar la adopción por la discriminación es negarse a avanzar en lo que se requiere cambiar utilizando como argumento aquello mismo que es la razón de la necesidad del cambio.


            Desde un segundo punto de vista, se argumenta en torno a los derechos del niño. Éstos aparecen consagrados en la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989. El objeto de la Convención es reforzar la protección de los niños como plenos sujetos de derechos humanos, siendo, además, beneficiarios de cierta protección especial en su calidad de grupo más vulnerable, siendo aquello un mandato absoluto para el Estado y sus órganos a través del interés superior del niño.  En lo concreto, éste se refiere al “pleno respeto de los distintos factores que contribuyen a formar al niño, niña o adolescente, como persona, buscándose a través de tal actividad asegurar el ejercicio y protección de los derechos fundamentales de los menores y posibilitar la mayor satisfacción de todos los aspectos de su vida, orientados al desarrollo de su personalidad”. Sentencias de tribunales nacionales y comparados, es decir,  jurisprudencia de Chile y otros países, ha establecido que dicho concepto es uno de carácter indeterminado o genérico, cuya magnitud se aprecia cuando es aplicado al caso concreto. De otro lado, el inciso 2º del artículo 222 de nuestro Código Civil, que constituye una verdadera declaración de principios sobre la protección que debe darse al menor, señala que “La preocupación fundamental de los padres es el interés superior del hijo, para lo cual procurarán su mayor realización espiritual y material posible, y lo guiarán  en el ejercicio de los derechos esenciales que emanan de la naturaleza humana de modo conforme a la evolución de sus facultades”. Así, se tipifica el principio en cuestión en nuestro ordenamiento jurídico. ¿Por qué una familia homoparental, senadora Van Rysselberghe, no podría dar absoluto cumplimiento a dicha consideración que usted misma arguye? ¿Por qué se vulneraría, en el caso de una familia homoparental en el cumplimiento del citado artículo, el interés superior del niño? Sostener que aquello vulneraría el desarrollo del mismo no es más que una posición política que se lleva al plano del Derecho para dotar de contenido el citado principio. No existe algo así como el “interés superior del niño neutral”, como pretende hacer ver. Es sólo un ejercicio de argumentación, donde recurrir al Derecho no es más que un velo que buscar engañar por medio de la pretendida neutralidad de la norma, inexistente en ella y en las posiciones políticas, por cierto.


Por otro lado, acá no hablamos de una pugna de ponderación -como lo plantea la senadora- en torno a los derechos del niño versus los “derechos de la diversidad sexual”, que no son más que expresión del derecho de todo ser humano a contraer una familia (lo que, aclarando desde ya, no conlleva en sí matrimonio ni adopción necesariamente, pero siendo una de sus variantes y la más común, corresponde entenderla como un anhelo para un gran número de parejas homosexuales). Por ejemplo, la declaración de “Principios de Yogyakarta sobre la Aplicación de Legislación Internacional de Derechos Humanos en relación con la Orientación Sexual e Identidad de Género”, señala, en su principio 1, como cuestión fundamental que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Los seres  humanos de todas las orientaciones sexuales e identidades de género tienen derecho al pleno disfrute de todos los derechos humanos”. En complemento a lo anterior, referido especialmente al derecho a formar una familia y a garantizar la dignidad y derechos sin discriminación para todo ser humano, señala el principio 24 que “Toda persona tiene el derecho a formar una familia, con independencia de su  orientación sexual o identidad de género. Existen diversas configuraciones de familias. Ninguna familia puede ser sometida a discriminación basada en la  orientación sexual o identidad de género de cualquiera de sus integrantes”[1]. Ello se complementa con la Declaración Universal de Derechos Humanos establece en su artículo 16.1, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, publicado en Chile el 29 de abril de 1989, en su art. 23.2, su reiteración en el Pacto de San José de Costa Rica en el art. 17.2 y su complemento en el  art. 2.1., que se refieren a lo anterior en la misma línea. No existe dicha ponderación pues no se trata de oponer cada derecho para ver determinar “cuál es más importante”: para el desarrollo de cada niño la familia es un ente vital, por ende para la correcta defensa del mismo y el verdadero respaldo al interés superior del niño, el derecho a la crear una familia de todo ser humano, independiente del carácter de la misma, no es una oposición, sino un necesario complemento.


La ley debe renunciar a imponer un modelo de familia y debe limitarse a otorgar el respectivo respaldo a las opciones que puede tomar toda persona en uso de su autonomía moral.  El ordenamiento jurídico chileno no define, en sí, qué se entiende por familia. Y ello no es casualidad: en el Informe de la Comisión Nacional de Familia creada  por 1992, Jaime Silva señala que “el constituyente deja abierta la posibilidad  que sea la sociedad, en cada momento histórico, la que defina qué entiende por familia y cómo se harán efectivas muchas de las aspiraciones programáticas consagradas por la Constitución”[2].


La realidad referida anteriormente es una que no debe soslayarse: al año 2013, según los datos otorgados por el Censo 2012[3], se estima que del total de 13.045.880 de personas que tienen 15 años o más, 34.976 personas conviven con una pareja del mismo sexo. Esto, por supuesto, sin considerar aquellos datos que omiten los propios censados en concordancia a las ostensibles discriminaciones por la orientación sexual de cada uno de ellos que aún oscilan en nuestra sociedad, además de aquellos que, si bien no conviven, tienen una orientación sexual diversa, por ende tampoco constituirán una relación de carácter heterosexual y por ende con posibilidad de matrimonio.


Constituir una familia es un derecho independiente de la condición sexual de la persona que es titular del mismo. Los derechos del niño implican cuestiones elementales: cuidado, protección, educación y amor. La familia -en sus diversas formas, y con o sin matrimonio- es una institución vital para el desarrollo del mismo: homosexuales o heterosexuales tienen el mismo derecho al matrimonio, a formar a una familia y a defender, justamente, el interés superior del niño.


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[1] En el Examen Periódico Universal (EPU) de la ONU (año 2009), Chile se comprometió a aplicar los Principios de Yogyakarta (año 2007) Si bien tal normativa no corresponde a una Convención o Tratado Internacional en virtud del cual se obliguen los Estados, se trata de un cuerpo de principios que sirven para interpretar la normativa internacional. Al respecto, y habiéndose señalado ello, cabe destacar la aplicación de ésta a objeto de entender los derechos para aquellos integrantes de nuestra sociedad con una orientación sexual o identidad de género minoritaria dentro del contexto que suscita este texto, es decir, su derecho a formar una familia y cómo el legislador integra diferentes expresiones de ésta donde se puedan ver efectivamente involucrados, como una de las tantas concepciones de familia que hoy son dejadas al margen por nuestra normativa.

[2] SILVA, Jaime. El derecho a procrear en el ordenamiento constitucional chileno. Revista Chilena de Derecho, Vol. 21 N°2, 1994, pp. 283-306, p. 290.

[3] A objeto de todos los datos presentados a continuación por el INE, revisar “La Familia Chilena en el tiempo”, << Véase online en http://estudios.sernam.cl/documentos/?eMTU1MDkzNA==La_Familia_Chilena_en_el_Tiempo>>.