26 feb 2010

Al vértigo de un viejo amigo.

No puedo evitar lo mucho que creo en ti. Ayer, entre suspiros, anécdotas y sonrisas, entre frío, frustración y alegoría, entre muerte, convicción y nacimiento, siempre estuviste ahí. ¿Recuerdas los tiempos en que la vida nos enseñaba a costa de la negación lo que implicaba el aprendizaje? Hubo más derrotas que victorias. ¡Pero cuánto pudimos transformar cada retroceso en un significativo andar! Hoy entiendo que sólo pretendimos cambiar el rumbo, e invertimos el presente para que cada piedra en el camino no tuviese asidero alguno tras un rápido cabalgar, en un intenso avanzar. En definitiva quizá tenían razón, y el mundo tenga más de sal que del endulzante que siempre intentamos dar. ¡Pero bueno, qué más da! ¿Acaso no está la vida hecha de aquellos pequeños momentos? ¿Acaso no nos enseñan a siempre ser fuertes, los mejores, aquellos que deben afrontar cada instancia con el pecho acorazado, con la frente en alto, con la mirada victoriosa y recalcitrante?

No puedo impedir que tropieces. Sí puedo decir que, pese a todo, pese a todos, tu sombra no será nunca tu única compañía. Siempre que golpees aquella puerta abriré, siempre como aquella vez que la fragilidad -revestida del prejuicio propio de la hombría- comprendió que el abrazo vale más que la retórica conformista. ¡Cuán simpática nos era la palabra resistencia! Resistencia al desatino propio de la costumbre, de lo pretérito, de lo viejo, de lo exhausto. ¡Resistencia a la vida misma! Yo no quería guardar mi esperanza para mañana y así poder vivir de la cobardía del no entender el porqué no resistir.

No puedo, no. Finalmente no lo pensó el corazón. Lo guardaste en un rincón, en un baúl, en una coraza que arriesgó el idealismo en una acción. ¡Qué vértigo el entregar nada para perderlo todo! No eran dolores, no eran amores, ¡no eran colores! Difícil sonreír ante el naufragio de quizá quien mejor sabía navegar. Y ni la advertencia ni el abrazo -¿recuerdas cuán importante era el abrazo?- sirvieron esta vez para alertar del cambio y la inconsecuencia. ¡Cuánto nos cuesta comprender que no se vive del habla, de la imitación ni mucho menos de la vacua sensación que reviste el poder, el querer siempre dominar! Querías cambiar el mundo pero olvidaste que lo humano está por sobre lo divino, que para pregonar sobre libertad, igualdad y fraternidad el éxtasis del bien individual no puede significar omnipresencia, no puede significar superioridad. ¿Has sentido la sensación de entregar lo suficiente como para no recibir nada? El tieso frío de la decepción más profunda logra avasallar con todo eso, pues tu decepción personal, tu repulsión del mundo, tu aborrecer la realidad, tu maldita retórica costumbrista y viciada de siempre no se compara ni se comparará con el sufrir no sólo la congoja de entener que no todos lo dan todo, sino también con el lograr sopesar que quienes dicen darlo junto a ti no vacilan en destruir tu propio mundo y el de los demás. No, quizá nunca fue bueno, pero sí era bello, puro, honesto, vivo… ¡y que hoy sea angelical!, ¡y qué sea vivo!, ¡qué sea propio del brillo revolucionario del soñar, sólo del soñar! ¡Cuánto necesitamos soñar!

No puedo obviar preguntarme, ¿y qué hago ahora contigo? El duelo de lo que un día fue y lo que hoy no será dice mucho más de lo que podrían considerar las palabras. Y parece que la única lección es aquella que implica perderse, perderme, perderte. ¡Y cómo diablos hacerlo, si lo único que sé hacer bien es no dejar de creer! ¿Y de sueños vive el hombre? ¡De sueños se merece el hombre! Pero entre el quererte y perdonarte que la locura me convide me parece más real. ¿Qué sentirás cuando ese abrazo ya no esté ahí? Lo sé. Obviarás nuevamente todo, y tal como muy bien engañas, te engañarás nuevamente a ti mismo. ¿Sabrás diferenciar cuando la mentira sobrepase a la realidad? Cuando ya nadie esté ahí -y vuelva la retórica típica antes que el gesto- el vacío absoluto colmará la ansiedad, pero jamás el desatino. ¿Sabrán ellos cambiar tus miedos y fracasos por victorias y alegrías? ¿Sabrán ellos cuidarte ante cada vaso más en tu cuerpo, ante cada idealismo perdido, ante cada sentimiento incomprendido? ¿Sabes qué? Yo guardé uno de esos sentimientos conmigo. Y hoy, aquí, en este preciso momento, se encuentran y claman por aquella estructura imposible de rearmar. Vale resistir, pero no sé si resistirlo. Al fin y al cabo no sé distinguir, nunca supe distinguir. Yo cambiaría -en estos momentos de sinceridad- media vida por revivir todo aquello que fue y hoy más que nunca no será, por retomar toda aquella sonrisa desinteresada e intensa, por continuar cada segundo en aquellos años en que todo este frío me parecía inusual y desprolijo. Yo cambiaría media vida porque retomaras aquella sinceridad y volvieras a vivir, media vida porque esa muerte paulatina no te hubiese desgarrado como te llevó.

No puedo evitar lo mucho que creía en ti. Hoy, entre letargo, desventura y lejanía, entre desesperanza, sombra y desconsuelo, entre muerte, convicción y nacimiento sé que no hay espacio para el odio ni el rencor, mas sí para el fútil desconsuelo de creer siempre en lo que fue y quizá hoy no termine nunca de ser. Hoy -entre la virtud de obviar, el implausible creer y también el crudo realismo- brindaré entonces por todo aquello que fue y que acá dentro, muy dentro del corazón, nunca dejará de ser. Entre el juego también retórico de la negación, del no puedo, del ayer y del hoy, y también del mañana y la esperanza, la tan trillada esperanza. Y es que hoy… sí, nuevamente hoy, hasta tal palabra tiene un sabor distinto. La esperanza suena a ellos y nosotros, a tú y yo, a vida y muerte, a blanco y negro, a soledad y compañía… en fin, suena a todo aquello que por más que nos parezca tan conexo sólo conlleva a aún más, aún más lejanía.

16 feb 2010

True Egoistic Love

True Egoistic Love
Mauricio Redolés

Piensa que cuando me echas de menos
En realidad no me echas de menos,
Sino que te echas de menos a ti misma
conmigo, haciéndote compañía
Porque cuando yo te echo de menos
En realidad me echo de menos a mí mismo a tu lado.

True love, true egoistic love.
Por eso envejecemos.

3 feb 2010

La extraña sensación de no pertenecer a este mundo (29/07/09)


Madrugada del miércoles y no puedo dormir, estudiar ni leer algo distinto a la ya típica carga académica que día a día está allí, acumulándose en una esquina de la pieza. Hace días que me duele la espalda y las muñecas, siento un malestar físico extraño y un cansancio permanente que no se acaba con el sueño.

De alguna forma u otra percibo un extraño fracaso. No puedo concentrarme en absolutamente nada, llegando al punto de agotarme tan sólo con la presión de lo que debo o puedo hacer. Y es que hay un eterno conflicto que me rodea y no puedo soslayar: ¿qué diablos hago en esa facultad?

Y es que ya parece un mal chiste. Si bien nunca pude situarme en un contexto académico en mi vida secundaria, no deja de ser un eterno trauma. ¿Será lo mío? ¿Seré “feliz” como abogado? ¿Debería ser quizá otro profesional? ¿Historiador, docente, administrador público, cuentista político? ¿Debería quizá no ser profesional, y dedicarme a existir en una vida fuera de las banalidades típicas de la oferta y la demanda mercantil y social? Cuando vas un poco más allá y entiendes ciertas cosas te complicas todo más de la cuenta. Quizá alguien tenga que asumir ese papel, quizá ese alguien no deba ser ni yo ni tú, pero no hay cómo saberlo. Y es en ese entonces cuando caigo en un eterno holismo donde me intento auto convencer (engañar) de lo útil (coactivo) que puede ser el derecho y lo mucho que me puede servir (perjudicar) en medida de mi real interés: un cambio social.

¿Cambio social dije? ¿Y quién soy yo para tener la recta verdad de lo que debería suceder? ¿Cómo determinar si mi concepto social es mejor o peor que otro? Y allí van más discusiones, eternas discusiones. Por lo menos es sumamente “entretenido” (desgastante) debatir (intentar imponer tu visión) sobre tales asuntos, existe un enriquecimiento mutuo, pero muy difícilmente una evolución (convencimiento) De todas formas de alguna manera se avanza, ¿no? Claro está. No hay que rendirse y de cada uno de nosotros depende (¿cuántas veces hemos escuchado y repito ello?) A la vez, si no me gusta la carrera puedo continuar y continuar (y quizá seguir engañándome) hasta sentir (naturalizar) que de verdad Derecho es lo mío. Ya está, problema solucionado, aboguemos por colmar la inexactitud y continuar.

De igual forma, esto no deja de ser un recurrente déjà vu. ¿No habré sentido esto antes? Sí, muchísimas veces. El punto final no fue nada más que el inicio de tres continuos, el inicio de la suspensión para el retorno de una nueva sarta de preguntas. Y aunque todo suene tan poético, no es más que la conciencia nuevamente harta de la sensación de eterno conflicto. ¿Cómo superarlo?

Y así pueden pasar eternamente los momentos y escuchar una y otra vez los mismos argumentos. Ojalá todo fuese tan sencillo como poder decidir un cambio, pero demasiados hechos que atan (y que no tiene sentido explicar por acá) serían desastrosos de desenredar. En definitiva no es la primera vez que vivo lo mismo. Antes lo soporté una y otra vez creyendo en mis mismas convicciones, pero la diferencia es que esta vez he comenzado a dudar de todo, de esas mismas bases. Me falta mucho que tenía antes y ahora no está, y, para peor, esta vez existen diferencias importantes hacia delante: ¿Dónde está el verde colorido de universidad que pretendía encontrar? ¿Dónde está esa riqueza transversal de clases, etnias, pensamientos, sexualidad y vida misma que necesitaba sentir? (Y no sólo ver, no sólo visualizar divisiones grupales inicuas entre la cabellera miel y la del café) ¿Dónde está esa conciencia real que requería sentir e impregnar?

A veces me siento flotando entre retrocesos, solo y sin camino. He dedicado nuevamente mis ganas y mi tiempo a algo ajeno a mi bien personal, y nuevamente comienzo a sentir angustia, nuevamente siento que falta algo. Ya no quiero seguir suspirando, y cuesta, cuesta mucho. Cuando todo es tan ingrato, cuando intentas poder congeniar tu vida con la idea de entregarla por los demás, cuando al final siempre todo tiene negativas y circundas entre los intereses mezquinos de muchos otros, cuando sólo dirían al leer estás palabras que es un llanto inteligente más (¡por qué cresta no pueden entender que sí hay formas distintas de pensar y sentir que no tienen que ver con querer conseguir algo!), te das cuenta que definitivamente algo anda mal. La pregunta es: ¿serás tú, serán ellos… seremos todos?

Y ahora, ¿cómo cambiar? Si tan sólo pudiese ser quien yo mismo necesito ser. ¿Seré (seremos) lo que el resto necesita de nosotros?

A ratos me siento solo y no lo entiendo. Agradezco a la gente que tengo día a día a mi lado y también a aquellas que sé que están siempre allí (de verdad que los quiero mucho a todos, más de lo que se imaginan), pero siento que la misma universidad y sus actividades “anexas” me quitan demasiado. ¿Estudiante? ¿Representante? ¿Amigo? ¿Familia? Aborrezco sentir que no puedo llenar nada al cien por ciento. Y me agobio, necesito de todo, de todos, de un poco de esto, un poco de esto otro, me enredo, me cuesta hablar, me cuesta reír, me pongo idiota y falto de coraje, ¡necesito respirar entre tanto problema!; y van críticas, van comentarios, van estupideces, va la necesidad de tener buenas notas, de tener alguien al lado, de ver a mi madre, de sentir que todo sigue igual, todo sigue igual, todo igual.

Y con tantas expresiones, me niego a leer lo que he escrito. Quizá sea inconsistente, largo, incompleto, inadecuado, ¡qué diablos sé yo! Pero es una mezcla de pinceladas de lo que sentía y siento. De todas formas, si leíste hasta estas palabras te lo agradezco muchísimo, no sabes cuánto. Es casi digno de una alabanza, pues claramente lo que menos deseamos, a estas alturas, es seguir utilizando nuestros ojos en eternas líneas.

Quizá también sientas esa extraña sensación de no pertenecer a este mundo, a este mundo sin color. Bienvenidos al triste arte del eterno engaño, bienvenidos a la inmensa torre de cartas.

Como dices tú que era yo
Hoy quisiera ser mucho mejor
O idéntico a esa versión mía y dibujar
Peces en el sol
Mía y dibujar
Cosas de los dos
Y no estar aquí
Hablando así




* La foto pertenece a un taller social de clases que realizamos el año 2008 con queridos amigos. "Todos juntos podemos alcanzar nuestros sueños" dice el cártel central dentro de un mural que realizamos al término del primer semestre. Todos juntos...

1 feb 2010

Liceos de excelencia: ¿son la solución?

Señora Directora:

Sebastián Piñera ha anunciado dentro de sus primeras diez medidas de gobierno la creación de 50 liceos mixtos de excelencia -según sus palabras, como el Instituto Nacional- a lo largo de las principales ciudades del país. Plantear tal iniciativa como una herramienta para la solución de las problemáticas de nuestra educación pública es obviar los problemas de trasfondo: diferencias abismantes de inversión entre los diversos modelos económicos, libertad de enseñanza entendida como libertad de mercado y despreocupación estatal al entender por equidad sólo la búsqueda de acceso en desmedro de la calidad e igualdad de resultados, entre otras.

Así, la creación de más colegios que repliquen el modelo del Instituto Nacional sólo implicaría seleccionar a los mejores estudiantes de diversas comunas y concentrarlos para una competencia que implique un supuesto progreso, conllevando, nuevamente, que sólo unos pocos puedan superar la mediocridad del sistema público. La solución debe pasar, entonces, por la desmunicipalización de la educación, otorgándole nuevamente al Estado un rol benefactor que implique, de forma descentralizada e inteligente, una mayor preocupación y eficacia en lo concerniente a educación, en lo concerniente al futuro de millones de chilenos.

La educación como herramienta para el progreso social, cultural y personal no puede ser entendida como un servicio ni un privilegio: es, efectivamente, un derecho para todos y cada uno de nosotros.

Leonardo Jofré Ríos.
La Segunda, 1 de febrero de 2010.